Octubre 2017

Hola a todos, ¡muchas gracias por sus visitas y comentarios! .

Este mes contamos como invitadas a 3 mujeres de altísima calidad profesional.

Por simple orden de entrega de los artículos, la primera se trata de la periodista estadounidense Lydia Dishman, especializada en los temas que vinculan tecnología, liderazgo e innovación, colaboradora de Fast Company y otras publicaciones de renombre. Lydia aborda el tema de la habilidad de los freelancers para prepararse rápidamente al futuro del trabajo.

La segunda es mi amiga Gabriela Olivan, Head of Corporate Communications for Hispanic South America, de Accenture Argentina, quien trata el tema de los filtros y algoritmos que nos presentan sólo los temas de nuestra preferencia.

Por último, nuestra colega Fabiana Gadow, Partner de InGrow Consulting, que reflexiona sobre el liderazgo femenino.

Por mi parte hago algunas reflexiones sobre la magnitud de los cambios que se avecinan y los prototipos del futuro.

Incluyo también el habitual Flash Laboral y un video de Sophie la primer robot ciudadana de Arabia Saudita y por ende mundial.

Como siempre los invitamos a dejar sus comentarios y seguirnos también en las redes sociales.

Guillermo

sábado, 27 de febrero de 2016

EL LIDERAZGO FEMENINO EN LOS DISTINTOS SECTORES


Por Cristina Bomchil, Fundadora y Directora Ejecutiva de Valuar – Executive Search

La mujer ha dado enormes pasos hacia posiciones directivas en los últimos años. Se ha tomado en las organizaciones conciencia del aporte que su participación en los niveles directivos representa. Tan solo desde el punto de la diversidad, su mirada diferente enriquece la visión y la evaluación de la realidad. La mujer cuenta con una capacidad intuitiva, empática y holística destacada, que le permite acercarse a la resolución de temas en una forma muy integral, reconociendo los factores humanos y sensibles más allá de la racionalidad, los cálculos y las estadísticas. A modo de ejemplo, es sabido que la crisis de las hipotecas del 2008 no pudo ser prevista por los analistas más renombrados de Estados Unidos. No es casualidad que la mayoría de ellos venía de las mismas universidades, los mismos núcleos sociales y eran mayoritariamente hombres.

Los ejemplos de mujeres hoy actuando en roles directivos son muchísimos: en Directorios de Bancos, liderando compañías tecnológicas, automotrices, como número uno de marketing de compañías de consumo masivo, etc. Ahora en el Gobierno, la reciente electa Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, la Presidente de Aerolíneas Argentinas, la Ministra de Desarrollo Social, son  muestras palpables de la evolución de la mujer y de una sociedad que puede escucharlas  y valorarlas. Porque ya no es una cuestión de cupos, como era en el pasado, en donde las compañías  para responder a determinadas disposiciones corporativas políticamente correctas cubrían ciertas posiciones de mandos medios altos con mujeres, pero no por una valoración meritocrática: entonces las que ocupaban esos puestos no eran escuchadas. Hoy en día ya no importa el sexo, al contrario, en ocasiones se opina que para determinado desafío sería mejor que lo conduzca una mujer.

Es cierto que el camino para ellas no es fácil. A la barrera casi superada de la discriminación, o de la subvaloración, se le suma el factor biológico y doméstico. Son ellas las que tienen los hijos y normalmente en una primera etapa cuidan más de ellos. También en general  son las responsables de las tareas de la casa, y del cuidado de padres que van envejeciendo. Los largos horarios de las empresas atentan contra  lo que una mujer siente que es ser una buena madre. Aunque hoy son ambos padres los que comparten las responsabilidades, en última instancia es la madre la del rol primordial. Todavía la sociedad tiene esa expectativa. Es verdad que se ven cada vez más casos donde es la mujer profesional el sostén del hogar, e incluso se dan expatriaciones de mujeres en donde  el marido queda al cuidado de la casa y de los hijos, por ser difícil para él encontrar una ocupación acorde en un país externjero.

Las organizaciones han tomado conciencia que deben flexibilizarse para retener talento femenino: elasticidad y libertad en los horarios, trabajo a distancia, home office, y otros beneficios que permiten compatibilizar un buen desempeño con una maternidad responsable: es un ganar para todos. Es la mujer la que ha roto el techo de cristal pero gracias a una sociedad que al mismo tiempo ha reconocido no solamente sus valores, sino la extrema necesidad de incorporar su talento. Tanto en los emprendimientos privados sino a nivel ONGs’ y gobiernos. No sería aventurado decir que tal vez, con mujeres al frente de los Estados, no hubieran sucedido las guerras: el corazón y la razón femenina detestan la violencia y velan por la armonía y la unión en las familias y por extensión, en todos los grupos humanos.

Aún hay muchos pasos más por dar: persiste la disparidad en las compensaciones entre varones y mujeres. Ello tiene su fundamento en un resabio machista, pero también porque  la mujer es menos mercenaria que el hombre, trabaja más por vocación que por un afán de crecer económicamente, y por otro lado, la sociedad espera menos de ella en este sentido, salvo las excepciones que ya mencionamos (y que van en aumento) es el padre en general el sostén primordial  del hogar. También es cierto que todavía hay compañías que confían la mayor responsabilidad en profesionales hombres, no por su mayor mérito, sino por una cuestión de género: pero la verdad que eso ya está visto cómo pasado de moda y retrogrado.

Hay innumerables asociaciones que promueven el desarrollo de la mujer hacia roles directivos, a través de mentorings, programas de formación gerencial, apoyo para realizar posgrados, rotación por distintos sectores de las compañías de la mando de altos ejecutivos, etc. Ello da cuenta de la importancia que se le está dando al rol de la mujer en posiciones de alta dirección y de la necesidad de cubrirlas con ellas.

Desde un punto de vista personal considero que las mujeres tenemos una responsabilidad fundamental en el armado de una familia, y que hay veces que no hay más remedio que resignar algo de crecimiento profesional en pos de ella. Viendo esto desde el punto de vista de la vida como un todo, se trata de una decisión sana y positiva que ayuda a construir  una sociedad mejor. Lo que así mismo resulta positivo, es que el hombre asuma un mayor grado de responsabilidad en todo este armado balance vida-familia-trabajo.

La mujer ha dado enormes pasos hacia posiciones directivas en los últimos años. Se ha tomado en las organizaciones conciencia del aporte que su participación en los niveles directivos representa. Tan solo desde el punto de la diversidad, su mirada diferente enriquece la visión y la evaluación de la realidad. La mujer cuenta con una capacidad intuitiva, empática y holística destacada, que le permite acercarse a la resolución de temas en una forma muy integral, reconociendo los factores humanos y sensibles más allá de la racionalidad, los cálculos y las estadísticas. A modo de ejemplo, es sabido que la crisis de las hipotecas del 2008 no pudo ser prevista por los analistas más renombrados de Estados Unidos. No es casualidad que la mayoría de ellos venía de las mismas universidades, los mismos núcleos sociales y eran mayoritariamente hombres.

Los ejemplos de mujeres hoy actuando en roles directivos son muchísimos: en Directorios de Bancos, liderando compañías tecnológicas, automotrices, como número uno de marketing de compañías de consumo masivo, etc. Ahora en el Gobierno, la reciente electa Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, la Presidente de Aerolíneas Argentinas, la Ministra de Desarrollo Social, son  muestras palpables de la evolución de la mujer y de una sociedad que puede escucharlas  y valorarlas. Porque ya no es una cuestión de cupos, como era en el pasado, en donde las compañías  para responder a determinadas disposiciones corporativas políticamente correctas cubrían ciertas posiciones de mandos medios altos con mujeres, pero no por una valoración meritocrática: entonces las que ocupaban esos puestos no eran escuchadas. Hoy en día ya no importa el sexo, al contrario, en ocasiones se opina que para determinado desafío sería mejor que lo conduzca una mujer.

Es cierto que el camino para ellas no es fácil. A la barrera casi superada de la discriminación, o de la subvaloración, se le suma el factor biológico y doméstico. Son ellas las que tienen los hijos y normalmente en una primera etapa cuidan más de ellos. También en general  son las responsables de las tareas de la casa, y del cuidado de padres que van envejeciendo. Los largos horarios de las empresas atentan contra  lo que una mujer siente que es ser una buena madre. Aunque hoy son ambos padres los que comparten las responsabilidades, en última instancia es la madre la del rol primordial. Todavía la sociedad tiene esa expectativa. Es verdad que se ven cada vez más casos donde es la mujer profesional el sostén del hogar, e incluso se dan expatriaciones de mujeres en donde  el marido queda al cuidado de la casa y de los hijos, por ser difícil para él encontrar una ocupación acorde en un país extranjero.

Las organizaciones han tomado conciencia que deben flexibilizarse para retener talento femenino: elasticidad y libertad en los horarios, trabajo a distancia, home office, y otros beneficios que permiten compatibilizar un buen desempeño con una maternidad responsable: es un ganar para todos. Es la mujer la que ha roto el techo de cristal pero gracias a una sociedad que al mismo tiempo ha reconocido no solamente sus valores, sino la extrema necesidad de incorporar su talento. Tanto en los emprendimientos privados sino a nivel ONGs’ y gobiernos. No sería aventurado decir que tal vez, con mujeres al frente de los Estados, no hubieran sucedido las guerras: el corazón y la razón femenina detestan la violencia y velan por la armonía y la unión en las familias y por extensión, en todos los grupos humanos.

Aún hay muchos pasos más por dar: persiste la disparidad en las compensaciones entre varones y mujeres. Ello tiene su fundamento en un resabio machista, pero también porque  la mujer es menos mercenaria que el hombre, trabaja más por vocación que por un afán de crecer económicamente, y por otro lado, la sociedad espera menos de ella en este sentido, salvo las excepciones que ya mencionamos (y que van en aumento) es el padre en general el sostén primordial  del hogar. También es cierto que todavía hay compañías que confían la mayor responsabilidad en profesionales hombres, no por su mayor mérito, sino por una cuestión de género: pero la verdad que eso ya está visto cómo pasado de moda y retrogrado.

Hay innumerables asociaciones que promueven el desarrollo de la mujer hacia roles directivos, a través de mentorings, programas de formación gerencial, apoyo para realizar posgrados, rotación por distintos sectores de las compañías de la mando de altos ejecutivos, etc. Ello da cuenta de la importancia que se le está dando al rol de la mujer en posiciones de alta dirección y de la necesidad de cubrirlas con ellas.


Desde un punto de vista personal considero que las mujeres tenemos una responsabilidad fundamental en el armado de una familia, y que hay veces que no hay más remedio que resignar algo de crecimiento profesional en pos de ella. Viendo esto desde el punto de vista de la vida como un todo, se trata de una decisión sana y positiva que ayuda a construir  una sociedad mejor. Lo que así mismo resulta positivo, es que el hombre asuma un mayor grado de responsabilidad en todo este armado balance vida-familia-trabajo.

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