JULIO 2017

Hola a todos, ¡muchas gracias por sus visitas y comentarios .

Este mes es nos acompaña por primera vez, Marcy Fetzer, PHD, Leadership Consultant de Brigham Young University, Provo, Utah, USA quien desarrolla el tema de estrategias para integrar la colaboración y competencia.

Participa también un excelente colega Miguel Premoli, VP Talent Management Pepsico Europe & SS Africa, desarrolla el el tema de los liderazgos individuales y de los equipos.

Por mi parte he hecho algunas reflexiones sobre un tema controversial como lo es la existencia o inexistencia de un derecho al trabajo, a propósito las situaciones que se generan frente al cierre de una empresa en Argentina. También he incluido el habitual Flash Laboral.

Me pareció muy interesante compartir un video sobre como funciona Watson creación de IBM de inteligencia artificial.

Como siempre los invitamos a dejar sus comentarios y seguirnos también en nuestro Facebook Profesional www.facebook.com/ceballosserra

Guillermo

lunes, 8 de octubre de 2012

LA REMUNERACION JUSTA


Por Guillermo Ceballos Serra

Siempre que hablo sobre remuneraciones con mis alumnos, tanto de las maestrías o como de la universidad, comienzo con una simple pregunta: ¿Esta Ud. conforme con su salario actual?

En esta pequeña encuesta,  recibo invariablemente año tras año, un NO como respuesta de parte de no menos del 95% de los encuestados. La siguiente pregunta (que no formulo) podría ser: ¿por qué gente razonable que se desempeña en compañías serias, con departamentos de remuneraciones con ejecutivos razonables, logra semejante porcentaje de rechazo?

Para comenzar a analizar el tema, me remonto al texto bíblico sobre una parábola de Jesús a sus discípulos en Mateo 20, 1 – 16:

“El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a mi viña. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:

Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Él replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos?

¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos”.

Me apresuro a decir que no pretendo hacer un analisis del Nuevo Testamento, simplemente usar la parábola como disparador. La pregunta que surge es porqué un texto con 2000 años de antigüedad, que despertaba tamaña polémica en sus días, continua generando el mismo acalorado debate entre jóvenes estudiantes y ejecutivos de hoy, al preguntar: ¿quienes y porque están de acuerdo o en desacuerdo con el proceder del empleador?.

Entiendo que la cuestión de la remuneración, más allá de las técnicas y encuestas, nos plantea el problema de la remuneración justa. Por lo que la primera conclusión que surge es que definitivamente estamos frente a un tema controversial, capaz de generar polémica a través de los siglos.

Cuando analizamos el tema desde una perspectiva económica, observamos que el salario es la retribución del trabajo. Ahora bien, la valoración del trabajo ha variado de un extremo a otro en la historia humana. Desde el mandato bíblico “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, (castigo) hasta “la dignidad del trabajador”; concluimos que el salario o no ha remunerado el trabajo (esclavitud) o ha remunerado un concepto de trabajo dinámico cuyo valoración ha evolucionado a lo largo de la historia. Por lo que, si la valoración del trabajo ha variado, la valoración de remuneración justa también y por ende más controversia al analizar la cuestión.

¿Cómo podríamos definir una remuneración justa? ¿Desde una perspectiva de mercado? (Competitividad), ¿desde una perspectiva de justicia? (equidad interna), ¿desde una perspectiva moral (necesidad – salario mínimo, vital y móvil)?

En mi opinión la “remuneración justa” es un concepto cultural, relacionado en el tiempo y el espacio, analizado y vivenciado desde experiencias personales. Tenemos una visión intuitiva e inmediata de lo justo, racionalizado, expuesto y sustentado con posterioridad en base a valores jurídicos, económicos, sociales y morales.

Volviendo al texto bíblico, Mateo 20 (1- 16), valora/honra el compromiso y la palabra empeñada. No valora funciones, calidad, productividad, competitividad, necesidad, desempeño, etc., etc.

Pareciera existir consenso en que a mayor responsabilidad corresponde una mayor remuneración, pero este consenso no llega mucho más allá. Cuando nos planteamos ¿“cuanto mayor debe ser la remuneración”?, empiezan nuevamente las diferencias de criterio.

Por otra parte, observamos también, que quienes están conformes con su remuneración al poco tiempo dejan de estarlo aun en economías estables. Es natural que ello ocurra, puesto que está en la naturaleza humana, la autoestima, la necesidad de superación y tal como lo explicaba con claridad A. Maslow, las necesidades, una vez satisfechas, dejan lugar a otras más sofisticadas, donde muchas de ellas requieren mayor remuneración. Todas las encuestas de clima  reflejan el tema de la remuneración como capítulo a mejorar.

En síntesis, estamos frente a un tema controversial, sensible y conflictivo. Lo es por naturaleza. De equilibrios inestables y en economías inestables casi fugaces. Las organizaciones no tratan con gente conflictiva o desagradecida, simplemente con gente que tiene apreciaciones diferentes y expectativas crecientes, nada más humano; por lo que los ejecutivos de recursos humanos y en especial los de remuneraciones, deben adquirir crecientes niveles de profesionalismo para estar en condiciones de contener estas expectativas y ser capaces de generar confianza en las personas; para que al exponer las respuestas técnicas requeridas, la gente encuentre respeto y confíe en lo que le dicen, aunque a veces no sean las respuestas esperadas.

Official Apple tribute to Steve Jobs video Oct-05-2012



Tributo oficial de Apple a Steve Jobs con motivo del primer aniversario de su fallecimiento.

TRABAJO, NIÑEZ Y DIGNIDAD



Por Roberto Vola-Luhrs.
Licenciado en Recursos Humanos, Doctor en Ciencias Políticas. CoFundador de Voyer International. Académico en distintas universidades de Latinoamerica. Autor del libro "Lo que sobra es el talento".

Hoy son esos días en que quisiera ser un sociólogo o psicólogo o al menos saber mucho sobre ambas disciplinas para poder escribir con más propiedad sobre lo que estoy pensando. Permítanme entonces, desde mis limitaciones que reconozco, compartir con ustedes mis reflexiones.

Generalmente se percibe al envejecimiento como un deterioro mental y físico. Mientras esto no es percibido por el individuo o su entorno, no se es “viejo”. Pero en realidad pienso que el envejecimiento es un proceso complejo que produce, normalmente, una situación de abandono y discriminación. Una de las formas de mantener el vigor físico e intelectual es trabajando. El trabajo es un espacio donde se produce el desarrollo de las personas en un espiral sin fin y representa, culturalmente, la forma natural de inserción y permanencia social. El trabajo nos da un reconocimiento de la sociedad que nos hace mantener viva la llama sagrada de la vida.

Pero sobre lo que quiero escribir es sobre el trabajo de los niños y no sobre la vejez y el trabajo. Ya ven, me cuesta abordar el tema. Porque así como el trabajo en la vejez se lo relaciona con la salud, el trabajo en la niñez se lo relaciona con la ilegalidad y la explotación. ¿Puede haber otra mirada? Para tener más libertad me referiré al “trabajo y la familia” y no al “trabajo y la niñez”. Entonces, reflexionaré sobre familia, niñez y trabajo no desde el sistema productivo-laboral sino desde la formación, educación y valores.

El trabajo, per se, impone:

• Un tiempo estructurado donde se determinan la actividad y el descanso

• Es una experiencia compartida, con respeto a las jerarquías

• Se lo vincula con metas, logros y fracasos

• Hay una superación del yo como centro, donde uno y los otros moldean la solidaridad como valor fundamental del conjunto

• Fortalece la identidad de la persona y la motiva a superarse

• Requiere habitualidad y la disciplina, la constancia y la paciencia son valores que tallan el temple del individuo

En la convención sobre los derechos del niño, los Estados partes le reconocen “el estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpezca su educación, o que sea nocivo para la salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social "…

Dicho esto, podríamos afirmar que los niños pueden trabajar si no se les produce un perjuicio o cómo parte de su educación y formación moral. Permítanme, entonces, narrar o contarles algo sobre mi vida:
… en las vacaciones del verano del 66-67, antes de comenzar mi último año en la escuela primaria, cuando aún no había cumplido mis doce años, tuve mi primera “experiencia laboral”. Mi madre se preocupaba y tomaba la cabeza al pensar que yo tendría por delante 3 meses para vagar por las calles con mis amigos o jugar al futbol en canchas improvisadas. Fue mi tío Alberto quien le ofreció a ella “emplearme” en su farmacia. De niño revoltoso, indisciplinado y caprichoso, ese verano me transformé en un jovencito respetuoso, dedicado, disciplinado y responsable de mis obligaciones. A la hora de la siesta, me encontraba con amigos, pero a las 4 de la tarde corría a asearme para estar presentable en la farmacia. Pensaba en graduarme, cuando sea grande, de farmacéutico… “con todo lo que he aprendido, me será fácil”, sentenciaba. Mi tío se había transformado, para mí, en un jefe, referente y modelo

Tuve cada fin de mes mi paga. Un dineral con el que podía aspirar a comprar ese pantalón Lee que tanto deseaba o los mocasines tan “aspiracionales” de Guido

Cuando comencé la secundaria, me “independicé”. Fui jardinero: cortaba pasto, podaba árboles y mataba hormigas cada sábado. Guardaba parte del dinero y con el resto compraba mis LP´s (Long Plays) favoritos. Sentía la suficiencia al no tener que pedirle a mis padres dinero para mis gustos y gastos. También tomé en algunos períodos el trabajo de diariero en el quiosco del andén de la Estación donde, además de recibir una paga, podía leer gratis todas las revistas que me interesaban.

Fui un estudiante que trabajó durante su carrera universitaria, me gradué y luego doctoré. ¿Cómo no defender el trabajo del niño en el seno familiar o de contención que pueden brindarle amigos o familiares? ¿Cómo decir lo que digo sin que se mal interprete mi defensa del niño en su formación en educación y valores?

Yo no fui, en aquellos tiempos, una excepción en mi entorno, sino uno más. Fuimos hijos del esfuerzo. Tuve amigos que ayudaban a sus padres en el comercio que ellos tenían, en el reparto a domicilio, a las madres costureras cortando hilos para una mejor terminación de cada prenda, en el bar lavando copas, en las tareas de mantenimiento de plomeros o electricistas, en tareas rurales en la época de la siega, etc. Todos ellos lo hacían dentro de lo que el trabajo exige: habitualidad, disciplina, orden, dedicación, esfuerzo, cumplimientos de pautas, etc. No se trataba de ayudar una vez o cuando se quisiera. No. Se trataba de asumir responsabilidades, de tener metas, logros y reconocimientos.

Todos éramos niños y se nos exigía desde ese lugar. No podía haber confusión. El esfuerzo era grande, muy grande, pero justo a la medida de la edad que teníamos. Así, nos fuimos forjando. Así fuimos creciendo y haciéndonos hombres y mujeres con un destino, integrados socialmente, respetados y respetuosos. El trabajo es la mejor terapia, y es el complemento perfecto de la escuela. Seguramente no tengo autoridad académica para decir lo que digo, por ello lo hago desde mi propia experiencia de vida, que hoy comparto con ustedes.

El deporte hecho en forma esporádica, sin esfuerzo ni metas, puede hasta resultar nocivo para la salud o al menos no es tan provechoso como la práctica de la actividad física regular. Realizado así, sí es una forma de prevención de enfermedades crónico-degenerativas. ¿No será acaso el trabajo, de la manera en que lo viví, una forma de prevención de enfermedades “sociales-degenerativas”? ¿Qué pasaría si se adoptara el rito del trabajo familiar del niño? Déjenme aventurar: se pondría el énfasis en la construcción de una identidad sana y vigorosa para afrontar los desafíos mayores que la vida nos tiene deparados.

La niñez es la etapa fundamental, junto con la época de la juventud, de las grandes definiciones a nivel afectivo, sexual, intelectual y físico, motor de las motivaciones y valores fundacionales de la identidad social. Es la preparación para asumir el rol pleno de adulto donde el trabajo será la dignificación de ese ser humano y la aceptación de dádiva la peor de las miserias.

El trabajo, a temprana edad, es como carpir y abonar la tierra antes de sembrar. El joven que trabaja, estudia, hace deporte y se divierte gana en autoestima y confianza insertándose en la sociedad sin violencia, porque ha aprendido a querer y ser querido.

domingo, 7 de octubre de 2012

LA EDAD: UN FORMA DE DISCRIMINACION LABORAL


Por Oscar Canorio.
Auditor General de Camuzzi Gas del Sur y Gas Pampeana.
Especialista en mejora de procesos y control de gestión. Gestión de redes profesionales y networking. Propietario del Grupo OLA (Oportunidades Laborales en Argentina que cuenta con mas 75000 miembros)  

Me gustaría compartir con Uds. algunas reflexiones sobre la discriminación laboral por edad con la idea de que, conjuntamente con los comentarios que Uds. dejen, alguien nos lea y nos ayude a combatir este flagelo.

Para empezar, avancemos en entender de qué hablamos. “Discriminar”, en su sentido literal, es la acción de separar o distinguir unos elementos de otros atendiendo a un criterio específico, pero por lo general, cuando se habla de discriminación, suele emplearse el término en un sentido negativo que alude al trato en condiciones de inferioridad, que se da a una persona o grupo.

En las últimas décadas han aparecido nuevas formas de maltrato laboral, una de las cuales es la discriminación por motivos de edad, que se expresa a veces de manera sutil, como por ejemplo, cuando se rechaza a un candidato que opta por una plaza vacante, por estar “sobre calificado”, y otras veces de forma abierta, cuando se especifica un límite de edad para la contratación.

Contexto legal
La discriminación por motivos relacionados con la edad está prohibida en la Argentina por la Ley de Contrato de Trabajo (Art. 17). Pero la Ley contra la Discriminación (23.592) no considera a la edad entre las causales básicas de la segregación.

¿Cuál es “la” edad para considerar que una persona es un mayor? Obviamente, no hay convenciones para esto, pero un muy buen punto de referencia es la Age Act (Ley contra la Discriminación por Edad) de Estados Unidos, que integra el conjunto de leyes de derechos civiles. Allí se traza la línea en los 45 años. Si una empresa no contrata, despide o niega un ascenso a un empleado de más de 45 años, tiene que explicar y probar muy bien porqué no lo hizo. De otro modo, se presume que discriminó, y las indemnizaciones son millonarias en dólares y sin tope.

¿Qué está pasando en la Argentina, en el mercado de trabajo, con las personas mayores de edad? Los estudios y las políticas son pocos. Es notable que en un país con una población relativamente envejecida, no haya legislaciones de protección del empleo de los mayores de 45, y que en cambio exista una relativamente mayor preocupación por el empleo de los jóvenes (Ley de Empleo Juvenil de la Ciudad de Buenos Aires, Plan de Empleo Joven, etc.).

Muchos de los despidos de personas mayores que tienen cierta antigüedad en la empresa responden a una discriminación lisa y llana. Y estamos hablando quizás de un 10% a un 20 de todos los despidos.

Entonces, ¿por qué se discrimina?

Toda discriminación tiene un potente arraigo cultural difícil de eliminar aunque debemos de luchar contra ello. Normalmente, está avalada por personas que, en el fondo, tienen miedo e inseguridad en sí mismas, por una clara falta de confianza. Suelen sentirse mejor al rechazar a otras personas, pues les pone en un status superior. Pero no deja de ser un autoengaño.

La discriminación es un estado que se expande muy rápidamente, aprovechando la falta de opinión personal o la necesidad de pertenecer a un grupo social. En casos, se trata de un buen lavado de cerebro, del que es difícil salir.

La solución viene dada por una clara tolerancia cero, penalizando cualquier acto que defienda esa discriminación. De no hacerse, terminará por ocasionar daños personales y/o materiales, convirtiéndose en un grave veneno social.

Desgraciadamente, la discriminación por edad en la selección de los candidatos sigue existiendo.

El problema principal radica en que a partir de los 40 años, muchos empresarios y seleccionadores de personal tienen la idea preconcebida de que a esa edad, los candidatos ya no valen profesionalmente pues, según ellos, están en el principio del fin de su carrera profesional. Sin embargo, olvidan que les quedan aproximadamente 25 años (año arriba o abajo) de vida laboral. Entonces ¿Qué pasa?

Hay quienes son de la opinión de que a partir de los 40 años, se tiene ya un rodaje que les hace ser menos adaptables y exige mayor remuneración debido a la experiencia que tienen a su espalda. La gente con larga trayectoria profesional sabe adaptarse porque si quieren sobrevivir al mercado laboral actual que evoluciona todos los días tienen que estar con la mente abierta para continuar avanzando.

La valía se debe de pagar de forma adecuada, porque no hay que olvidar que el incorporar personal experimentado en el puesto a una organización va a hacer que ese rodaje se realice mucho antes, siendo productivos considerablemente antes que una persona sin experiencia de ningún tipo. Si bien hay gente ambiciosa, es cierto que a partir de los 40, se suele valorar otros puntos además del salario.

Reclutar a profesionales más jóvenes supone que, debido a su inexperiencia, pueden ser moldeados mejor y explotarlos laboralmente pagándoles muy por debajo de lo que se debería remunerar por desempeñar ese puesto. Si se actúa así, tarde o temprano, estos trabajadores verán el modus operandi de la empresa y se marcharan a la mínima oportunidad que tengan.

Las personas mayores de 40 años también pueden trabajar y merecen una oportunidad. Incluso, por contratarles, los empresarios reciben cuantiosas subvenciones y exenciones que es un punto a tener en cuenta. No obstante, esto también es discriminación, aunque sea positiva. Puede conllevar que un profesional más joven se quede en la calle porque el mayor de 45 es más ventajoso para la empresa. En estos momentos críticos de la crisis, toda ayuda es necesaria.
Si se descarta a un profesional de 40 años, debería ser por incumplir algún punto: no hablar ingles, falta de formación… pero no por la edad. El primer caso es por motivos objetivos y en el segundo por motivos subjetivos que no tienen justificación.

FLASH LABORAL ARGENTINA - Octubre 2012




Sintesis mensual de novedades laborales de Argentina.

Montlhy summary of argentinean labor relations news

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