JULIO 2026
martes, 21 de julio de 2026
SAM ALTMAN: Technology Is the Greatest Equalizing Force in Society | The Tonight Show
miércoles, 27 de mayo de 2026
EN LA ERA DE LA IA, LA HUMANIDAD ES LA VENTAJA
Por Jaime Merisotis. President
and CEO of Lumina
Foundation, Indiana, USA. Una fundación privada e independiente
con sede en Indianápolis, dedicada a brindar oportunidades de aprendizaje más
allá de la escuela secundaria a todos. Escribe sobre educación superior,
trabajo humanitario, filantropía y políticas públicas.
Los empleos
del futuro exigirán habilidades humanas más agudas que nos permitan hacer lo
que las máquinas, en el mejor de los casos, solo pueden imitar.
Hoy en día, es difícil saber qué pensar sobre
la inteligencia artificial. Las opiniones son muy polarizadas: algunos
advierten sobre un estado de vigilancia robótica, mientras que otros descartan
la tendencia como una exageración.
Pero más allá de los titulares, en todas las
regiones, sectores y grupos demográficos, los estadounidenses se preguntan: ¿Cómo
afectará la IA a mi trabajo?
Algunos temen que sus puestos de trabajo
desaparezcan, reemplazados por tecnología más barata, eficiente e impersonal.
Otros se preocupan por la disminución de la demanda de trabajadores
principiantes o por las dificultades que tendrán para reinsertarse en un
mercado laboral que ha cambiado radicalmente. A muchos trabajadores se les pide
que se adapten sobre la marcha, probando nuevas herramientas de IA para
determinar su mejor uso.
En medio de tanta incertidumbre, algunas cosas
están claras: la inteligencia artificial ya está aquí, avanza a pasos
agigantados y transformará el aprendizaje y el trabajo tal como los conocemos.
Esto exige que actuemos.
Nuestro camino hacia el futuro reside en
potenciar el talento humano a la par de la tecnología. Esto implica preparar a
las personas para utilizar la IA y liderar junto a ella. Los empleos del futuro
exigirán habilidades humanas más desarrolladas que nos permitan hacer lo que
las máquinas, en el mejor de los casos, solo pueden imitar: trabajar en equipo,
adaptarnos al cambio y desenvolvernos en entornos complejos.
Los trabajadores de todas las edades deberán
perfeccionar sus habilidades, no tanto para conservar su puesto en el cambiante
mercado laboral, sino para posicionarse y aprovechar las nuevas oportunidades
que generará esta era impulsada por la IA. El Informe del Índice de IA de Stanford estima que casi el 80 % de las
empresas ya utilizan inteligencia artificial. Además, el informe sobre el
futuro del empleo del
Foro Económico Mundial indica que, si bien la IA y la tecnología podrían
eliminar unos 92 millones de puestos de trabajo en todo el mundo para 2030,
podrían crearse alrededor de 170 millones de nuevos empleos.
Esto no es precisamente nuevo. La tecnología
siempre ha transformado el trabajo . La economía estadounidense se basaba en la agricultura durante
el período colonial y en la fundación del país. En el siglo XIX, la
industrialización revolucionó la economía mediante fábricas y ferrocarriles. El
siglo XX presenció el crecimiento de las corporaciones y el sector financiero.
La manufactura continuó evolucionando a medida que la automatización dio paso a
una nueva era de producción avanzada, y la globalización transformó los
mercados. Hoy en día, la tecnología y la atención médica impulsan la economía.
Pero fueron las personas, no la tecnología,
quienes impulsaron al país a través de todos esos cambios. Fue su talento —sus
conocimientos, habilidades y capacidades— lo que lo hizo posible.
Invirtamos, pues, en el desarrollo de ese talento. Empoderemos a las personas con la educación y la formación necesarias para liderar junto con la tecnología y, de este modo, prosperar en la revolución de la IA. Muchos más estadounidenses necesitan este tipo de formación: programas postsecundarios asequibles, flexibles y relevantes.
Un sistema de aprendizaje sólido tendrá que
afrontar varias cuestiones sobre la IA, entre ellas:
- Cómo
orientar a los estudiantes para que la IA les ayude, en lugar de
perjudicarles, en su aprendizaje. Los jóvenes expresan ideas matizadas
sobre la IA; las
encuestas muestran
un uso intensivo de herramientas de IA, pero también una profunda
preocupación por su impacto en su aprendizaje y sus perspectivas
profesionales. Pocos afirman recibir orientación constante —o ninguna— en
sus centros educativos. Diversos estudios demuestran el peligro de la
« descarga
cognitiva »
—delegar demasiado trabajo a las máquinas—, especialmente entre los
estudiantes con menos experiencia. No podemos permitir que un enfoque
superficial de la IA obstaculice el desarrollo de los estudiantes.
- Cómo
integrar las habilidades de IA en todos los niveles de aprendizaje. Los trabajadores
necesitarán cada vez más determinar si los resultados de la IA son fiables
y valiosos. Esto implica incorporar la competencia digital,
la alfabetización de datos y el razonamiento ético en los programas de
educación y formación en todos los niveles. Los estudiantes también
necesitan más oportunidades de aprendizaje práctico, más posibilidades de
aplicar sus conocimientos y habilidades en la práctica.
- Cómo
demostrar el valor de las habilidades duraderas. Los estudiantes deben
estar mejor informados sobre los propósitos de lo que aprenden y cómo lo
aprenden. Un ensayo de cinco párrafos no se centra en el ensayo en sí,
sino que es un elemento fundamental para que los estudiantes aprendan a
organizar la información y comunicarla eficazmente. Resolver una serie de
problemas matemáticos no se trata solo de obtener las respuestas
correctas, sino también de aplicar conceptos y desarrollar fluidez con los
números. Cuando comprenden las razones subyacentes de sus actividades de
aprendizaje, los estudiantes pueden traducir mejor lo aprendido en
habilidades que demuestren su preparación para el mundo laboral.
- Cómo
establecer las salvaguardias adecuadas. La IA sigue estando en gran medida
sin regular, incluso en el ámbito educativo, lo que corre el riesgo de
mermar su potencial. Más allá de que las escuelas establezcan
recomendaciones y buenas prácticas, la IA necesita normas que definan los
límites legales y éticos. Los responsables políticos, los educadores, los
tecnólogos y los estudiantes deben colaborar estrechamente para
desarrollar marcos que regulen cuándo, por qué y cómo integrar la IA en la
experiencia de aprendizaje.
La IA ha asumido muchas tareas, pero no puede
replicar por completo las capacidades humanas. En el sector sanitario, por
ejemplo, los algoritmos pueden ayudar a analizar exploraciones, predecir
riesgos y hacer un seguimiento de los datos. Sin embargo, la atención integral
al paciente sigue siendo profundamente humana. Requiere la responsabilidad, el
criterio y la compasión de médicos, enfermeros y demás profesionales
sanitarios.
Confiamos en las nuevas generaciones para que
aborden los problemas más urgentes y complejos de la sociedad. Por ejemplo, es
poco probable que las máquinas se encarguen del impacto ambiental del uso de la
IA. Y no podemos dejar en manos de la tecnología la responsabilidad de
garantizar que todos tengan una verdadera oportunidad de llevar una vida plena
y satisfactoria.
Cuando el New York Times consultó a ocho
expertos para que hicieran
predicciones sobre la IA , la gran mayoría coincidió en que la mayoría de los
estadounidenses usarán chatbots de IA al menos una vez al día. Sin embargo,
solo uno de ellos predijo que el desempleo en Estados Unidos aumentará
significativamente debido a la IA. Los expertos destacaron el potencial
transformador de la IA, al tiempo que recalcaron que ser "similar a un
humano" no es lo mismo que ser humano.
Al pedírsele que aconsejara a un estudiante de
secundaria sobre cómo prepararse para el futuro, el historiador Yuval Noah
Harari dijo: «Den la misma importancia a su cabeza (habilidades intelectuales),
a su corazón (habilidades sociales) y a sus manos (habilidades motrices). Es en
la combinación de estas tres donde los humanos todavía tienen una gran ventaja
sobre la IA».
“Además”, añadió, “intenten disfrutar del
viaje”.
La verdadera promesa de este momento no reside
en la tecnología, sino en la capacidad humana. La inteligencia artificial
impulsará la productividad y transformará industrias enteras, pero no puede
reemplazar el juicio, la empatía, la creatividad ni la compasión. Estas
cualidades residen en las personas, no en las máquinas. El futuro del trabajo
se forjará con las decisiones que tomemos hoy sobre educación, formación y
nuestra humanidad compartida.
Publicado originalmente en inglés en la Revista Forbes el 11 de marzo de 2026
Traducción al español GCS.
viernes, 10 de abril de 2026
ADIÓS, FOMO. HOLA... ¿FOBO?
Por Gaungrong Dai, Senior Director of Research, Minneapoles, Minnesota, USA; Bryan Ackermann, Head of AI Strategy & Tranformation, Scottdale, Arizona, USA; Roger Philby, Global Lead, People Strategy & Performance Practice, London, UK. - Korn Ferry
El acrónimo Fear of Missing Out (Miedo
a perderse algo), que ya tiene 22 años, está siendo rápidamente reemplazado por
una frase similar, pero potencialmente mucho más preocupante: Fear of
Becoming Obsolete (Miedo a quedar obsoleto). Una encuesta de Gallup
indica que casi el 22% de los trabajadores estadounidenses cree que
podría quedar obsoleto profesionalmente. Sorprendentemente, los
trabajadores más jóvenes tienen el doble de probabilidades de esperar que esto
suceda.
Los expertos advierten que este temor es un
fenómeno preocupante que los líderes no deberían ignorar. La gente ya empieza a
plantearse preguntas trascendentales como "¿Quién soy?" y "¿Cuál
es mi valía profesional?", afirma Guangrong Dai, director
sénior de investigación del Instituto Korn Ferry. Un conocido de Dai se
enfrentó recientemente a la eliminación gradual de su trabajo; al no tener ya
sus habilidades en el mercado laboral, simplemente abandonó su carrera
profesional. A Dai le preocupa que muchos otros hagan lo mismo. Incluso si los
trabajadores no abandonan necesariamente el mercado laboral, observa, podrían
volverse menos comprometidos y productivos en un momento en que muchas empresas
los necesitan desesperadamente para innovar. "Es una indefensión
aprendida", concluye.
Como era de esperar, la IA está impulsando gran
parte de esta percepción. En conjunto, las empresas probablemente invertirán
más de 100 mil millones de dólares este año para incorporar herramientas e
infraestructura relacionadas con la IA a sus organizaciones, y muchos líderes
se centran en el potencial de productividad de la IA en lugar de en sus
oportunidades de expansión empresarial. Más de la mitad (52%) de los
trabajadores estadounidenses temen que esta tecnología los desplace, casi el
doble que en 2024.
Los empleados de mayor edad ven cómo los
líderes de la empresa afirman que los despidos y las reestructuraciones están
relacionados con la IA. Los trabajadores más jóvenes temen que la tecnología se
haga cargo de las tareas propias de los primeros años de carrera, privándolos
así de la oportunidad de demostrar su valía.
Pero este fenómeno no se debe únicamente a las
nuevas tecnologías. A muchos jóvenes trabajadores se les dice que su falta de
habilidades esenciales de inteligencia emocional les impedirá ser valiosos en
el mercado laboral actual. Muchos empleadores se quejan de que los trabajadores
de la Generación Z no son capaces de mantener la concentración, resolver
conflictos ni comunicarse eficazmente en persona. Algunos expertos temen que
los jóvenes de la Generación Z estén interiorizando estas críticas y
permitiendo que exacerben sus temores sobre su propia obsolescencia. La
Generación Z presenta los niveles más bajos de bienestar social de todas las
generaciones, con más del 50 % que afirma que necesidades básicas como la de
"pertenencia" no se satisfacen en el trabajo, según una encuesta de
Korn Ferry de 2025.
Los líderes pueden ayudar a abordar al menos
algunas de las preocupaciones de FOBO (miedo a perderse algo). Deben explicar
que la IA es una herramienta que complementa, no reemplaza, a los trabajadores
humanos. "En el centro de todo lugar de trabajo preparado para la IA está
la colaboración entre humanos e IA: personas y tecnología aprendiendo y
logrando resultados juntos", afirma Bryan Ackermann, director de
estrategia y transformación de IA de Korn Ferry. Los líderes también pueden
asegurar a los trabajadores que, si bien la IA está cambiando la forma en que
se trabaja, no lo hará de la noche a la mañana. Un estudio reciente del MIT
estima que para 2029, la IA podrá completar la mayoría de las tareas basadas en
texto con gran eficacia, lo que daría a millones de personas un par de años
para aprender nuevas habilidades o evaluar sus próximos pasos profesionales.
Además, los líderes deberían aprovechar la gran
demanda de los trabajadores por aprender a usar la tecnología. En una encuesta
reciente, casi dos tercios (63%) de los trabajadores de todo el mundo dijeron
que cambiarían un aumento salarial del 10% por la oportunidad de mejorar sus
habilidades digitales y de IA.
Según los expertos, las organizaciones también
pueden ayudar a abordar las preocupaciones relacionadas con las habilidades
blandas. Algunas empresas han emparejado a empleados de la Generación Z con
líderes sénior. El líder sénior aprende sobre herramientas de IA o tendencias
sociales, mientras que el empleado de la Generación Z observa el "poder
blando" del líder, incluyendo cómo maneja un grupo, interpreta el lenguaje
corporal y gestiona reuniones tensas. "La Generación Z está ansiosa por
desarrollarse", afirma Roger Philby, líder global de la
práctica de Estrategia y Desempeño de Personas de Korn Ferry.
martes, 27 de enero de 2026
ME CANSÉ DE HARARI Y HAN
Por Fernando Zerboni. Profesor en Universidad de San Andrés. IESE Business School. Argentina.
Estoy
cansado de los profetas del pesimismo. Se que estamos en una era de cambio
profundo, pero la letanía del apocalipsis me agota. Estoy cansado de Harari y
su cara de funeral cada vez que habla de la inteligencia artificial. Estoy
cansado de Byung-Chul Han y su "sociedad del cansancio", como
si fuera el primero en darse cuenta de que hay gente agotada. Estoy cansado,
sobre todo, de los que los siguen, de los que los citan en las sobremesas, de
los que repiten "estamos perdidos" con una sonrisa de superioridad,
como si entender el colapso los hiciera más inteligentes que el resto.
Y fíjate
que no es solo cansancio. Es que hay algo de trampa en todo esto. Es la
sensación de que te están vendiendo algo que no termina de cerrar con lo que
ves cuando salís a la calle. Porque eso es lo que pasa. Estos tipos no escriben
para salvar el mundo. Escriben para venderte un mapa del infierno y hacerte
sentir inteligente por reconocerlo. Y funciona. Funciona tan bien que ahora hay
toda una generación convencida de que vivimos en la peor época de la historia
humana, cuando cualquier análisis serio te dice exactamente lo contrario.
Pero acá
viene lo interesante, estos profetas no le están hablando a todo el mundo. Le
están hablando a una elite asustada. A profesionales que de repente
descubrieron que la tecnología también viene por sus trabajos. Y ahí está la
clave. Porque resulta que la incertidumbre, la precariedad, el miedo al futuro,
todo eso que ahora les parece el fin del mundo, el resto ya lo viene viviendo
hace décadas.
El obrero
de una fábrica sabe desde los ochenta que su laburo puede desaparecer mañana.
El campesino sabe que el clima es impredecible y que una sequía te puede
fundir. La costurera sabe que el trabajo es inestable y que hay que
rebuscársela. Esa gente no necesita que Harari le explique que el futuro es
incierto. Lo vive todos los días. Y sin embargo, no están paralizados. Están
ocupados viviendo el día a día.
Pero ahora
resulta que la inteligencia artificial amenaza al abogado, al consultor, al
diseñador gráfico, al periodista. Ahora resulta que los trabajos
"creativos" y "cognitivos" también están en riesgo. Y de
repente hay pánico. De repente hay que escribir libros urgentes sobre el
colapso de la civilización. Porque cuando el miedo toca a las elites, el miedo
se vuelve filosofía.
Y Harari
les da lo que necesitan: una narrativa donde su angustia personal es en
realidad una tragedia de la civilización. No es que tengas miedo de perder tu
trabajo, es que la humanidad está perdiendo su soberanía. No es que tu empresa
te explote, es que vivimos en una sociedad del cansancio. Tu problema deja de
ser tuyo y se convierte en un síntoma del apocalipsis. Y eso, vende.
Han hace lo
mismo, pero desde otro ángulo. Les dice a los ejecutivos quemados que su
burnout no es porque laburaron como bestias por un sueldo grande, sino porque
vivimos en una época de auto explotación generalizada. Les da una salida digna.
En vez de preguntarse "¿por qué acepté este ritmo de vida?", pueden
decir "es la época, es el sistema, no hay salida". Es más cómodo así.
Pero la
verdad es otra. La verdad es que la gente que siempre vivió con incertidumbre
desarrolló herramientas para lidiar con ella. No son herramientas filosóficas
ni están en ningún libro. Son herramientas prácticas: la familia, los vecinos,
la comunidad, el rebusque, la solidaridad. Cuando no tenés un colchón de
ahorros ni un plan de carrera, aprendés a moverte en la neblina. No porque seas
más sabio, sino porque no te queda otra.
Y esa gente
no está leyendo a Harari. Está ocupada laburando, criando, cuidando a los
viejos, arreglando lo que se rompe. No tiene tiempo para la angustia
existencial. Tiene problemas concretos y los resuelve con lo que tiene a mano.
El tipo que maneja un camión no se pregunta si los algoritmos están hackeando
su lenguaje. Se pregunta si le alcanza para los gastos y para pagar la luz. La
mujer que atiende un kiosco no sufre de fatiga digital. Sufre de levantarse a
las seis de la mañana todos los días. Pero lo hace. Y al otro día también.
Entonces
resulta que estos profetas del pesimismo están diagnosticando una crisis que
es, básicamente, el descubrimiento tardío de las elites de que el mundo es
inestable. Bienvenidos, muchachas y muchachos. El resto ya lo sabía. La
diferencia es que el resto no escribió libros sobre eso. Siguió adelante.
Y por eso
tienen tanto impacto esta gente. Porque le están dando voz al miedo de una
clase que nunca había tenido miedo. Una clase que creía que su educación, su
título, su capital cultural los protegía. Y ahora descubren que no. Que la
tecnología no distingue. Que la precariedad llegó también para ellos. Y eso los
descoloca.
Pero ojo,
esto no significa que sus problemas no sean reales. Lo son. Lo que no es real
es la idea de que son nuevos. La incertidumbre siempre estuvo. Lo que pasa es
que ahora llegó a las oficinas con aire acondicionado y biblioteca y por sobre
todo a Davos. Y cuando llega ahí, se convierte en teoría. Se convierte en
crisis civilizatoria. Se convierte en bestseller.
Mientras
tanto, en la vida real, la incertidumbre está naturalizada. No es que la gente
no la sufra. La sufre. Pero la incorporó. Sabe que el futuro no está
garantizado, que hay que adaptarse, que las cosas cambian. Y con ese
conocimiento, igual se levanta, igual labura, igual confía en el vecino, igual
ayuda cuando puede. Porque la alternativa no es un ensayo sobre el colapso. La
alternativa es no hacer nada porque es invitable.
Y fijate la
paradoja: los que más hablan del colapso son los que menos lo viven. Los que
más escriben sobre la pérdida de sentido son los que tienen suficiente tiempo y
plata como para sentarse a pensar en el sentido. El resto está ocupado
generando sentido con sus manos, con su trabajo, con sus vínculos. No necesitan
que un filósofo coreano les explique por qué están cansados. Saben por qué
están cansados. Y descansan cuando pueden.
Por eso
estos libros tienen tanto éxito en ciertos círculos y ninguno en otros. Porque
le hablan a una elite que recién ahora está tocando fondo. Que recién ahora
entiende lo que significa no tener garantías. Y como toda elite, necesita que
su experiencia sea universal. Necesita creer que si ellos están en crisis,
entonces toda la humanidad está en crisis. Pero no. La humanidad está donde
siempre estuvo: tratando de zafar.
Y acá no
estoy romantizando la pobreza ni la precariedad. No estoy diciendo que la
incertidumbre sea linda o que la gente que la vive sea más sabia. Estoy
diciendo que es distinto descubrir la incertidumbre a los cuarenta, con un
posgrado en Europa, que haber nacido en ella. Y que esa diferencia importa.
Porque el que nació en ella ya sabe cómo moverse. El que la descubre ahora, en
cambio, se paraliza. Y escribe libros.
Harari, Han
y el resto están haciendo el duelo de un mundo que ya no existe. Un mundo donde
la educación te salvaba, donde el conocimiento era poder, donde los trabajos
intelectuales estaban a salvo. Ese mundo se terminó. Y está bien que lo
diagnostiquen. Pero que no nos vengan a decir que se terminó el mundo. Se
terminó su mundo. El resto sigue acá, laburando, confiando, resistiendo, sin
esperar que nadie les escriba un manual sobre cómo hacerlo.
Y si querés
realismo, empezá por ahí. Por reconocer que el pánico de las elites no es el
pánico de todos. Que la mayoría de la gente ya estaba en el barro y aprendió a
caminar sin hundirse. Que la incertidumbre no es una novedad apocalíptica, sino
la condición normal de la existencia humana. Y que los que mejor la manejan no
son los que la teorizar, sino los que la viven todos los días sin hacer tanto
ruido.
¿Vos no lo
ves también?
Publicado en LinkedIn el 27/1/26 y en este espacio con expresa autorización del autor.
sábado, 22 de noviembre de 2025
LA CULTURA EN TIEMPOS HÍBRIDOS
Por Guillermo Ceballos Serra
Cómo construir pertenencia
cuando la pantalla es el nuevo pasillo.
La ilustración de este artículo muestra la evolución —o involución— de nuestras reacciones
frente a un accidente. En 1980, la gente corre a ayudar. En 2010, lo primero es
sacar el teléfono para grabar. En 2025, es el propio accidentado quien se toma
una selfie.
Detrás del humor hay un mensaje inquietante: nuestros valores han cambiado,
y con ellos, nuestra forma de relacionarnos, trabajar y construir comunidad.
Este artículo propone una
reflexión sobre estos cambios, por qué están ocurriendo y qué implicancias
tienen para la vida social y especialmente, para las organizaciones.
1. De la
empatía activa a la documentación pasiva
El cambio más evidente es la
forma en que respondemos ante el sufrimiento ajeno.
Antes, el impulso natural era acercarse y ayudar. Hoy, muchas personas
priorizan registrar, observar o compartir antes que intervenir.
No es un signo de maldad, sino
el resultado de un condicionamiento progresivo: la tecnología nos ha enseñado a
mirar a través de una pantalla incluso cuando la realidad está pidiendo
acción. La empatía sigue existiendo, pero opera más lenta, porque debe
competir con el hábito de documentar.
2. ¿Qué
valores están cambiando realmente?
- Del sentido de comunidad al individualismo digital. El bienestar colectivo ha perdido fuerza frente a la narrativa de “mi vida, mi contenido, mi historia”.
- De la presencia emocional a la desconexión cotidiana. Podemos estar presentes físicamente, pero mentalmente en otro lugar, atrapados por notificaciones y estímulos digitales.
- De la empatía espontánea a la empatía condicionada. El instante decisivo se diluye: antes de actuar, pensamos si debemos grabar, compartir o simplemente observar.
- De lo íntimo a lo público. Los límites entre lo personal y lo social se han vuelto difusos; cualquier momento puede convertirse en material de redes.
3. ¿Por qué
están ocurriendo estos cambios?
- La tecnología moldeó nuestros reflejos. Los smartphones se convirtieron en extensiones de la mano y del pensamiento. La cámara es hoy un filtro: vemos la realidad, pero la interpretamos como contenido.
- Cultura de inmediatez y sobreexposición. La prioridad no es el proceso, sino la visibilidad. Todo debe ser registrado, mostrado, consumido.
- Aspectos psicológicos. Dependencia del refuerzo inmediato. Insensibilización ante imágenes de crisis. Efecto espectador”: mientras más personas presencian una emergencia, menos actuamos.
- Transformaciones laborales. El ritmo acelerado, la hiperconexión y la presión
por la productividad reducen la energía emocional para el entorno social. Las
relaciones laborales se vuelven funcionales, no profundas.
4. Pros y
contras del presente
Lo positivo
- Se puede pedir ayuda más rápido.
- Las grabaciones sirven para análisis e investigación.
- La información se democratiza.
- Problemas antes invisibles hoy salen a la luz.
Lo preocupante
- Disminuye la reacción espontánea de ayuda.
- El sufrimiento ajeno se convierte en consumo.
- Las relaciones se
superficializan.
- Aumenta el individualismo.
- Se debilita la comunidad y la cooperación.
5. Impacto en
las organizaciones: un escenario frágil que no podemos ignorar
Todo lo que está pasando en la sociedad se
refleja dentro de las empresas. Hoy encontramos:
- Equipos técnicamente conectados,
pero emocionalmente dispersos.
- Relaciones laborales más transaccionales que humanas.
- Colaboradores que conocen a sus compañeros a través de pantallas,
no de experiencias compartidas.
- Culturas que se construyen sin rituales presenciales, sin
convivencia diaria y sin interacción espontánea.
Aquí surge una reflexión fundamental:
La pandemia de 2020 fue superada, en gran parte,
porque las organizaciones ya tenían culturas sólidas construidas durante años
de presencialidad.
La confianza, la comunicación y el sentido de pertenencia estaban consolidados.
El trabajo remoto no destruyó la cultura: simplemente se apoyó en ella.
Pero hoy estamos en un escenario distinto.
Muchas empresas tienen culturas nacidas o
sostenidas en la virtualidad, relaciones más débiles y equipos que nunca
han convivido fuera de una videollamada. El tejido cultural se sostiene “con
alfileres”: funciona… mientras nada lo tensione demasiado.
Y entonces aparece la pregunta clave:
¿Qué pasaría si tuviéramos que
enfrentar una nueva pandemia con las culturas organizacionales actuales?
Probablemente enfrentaríamos desafíos mayores que
los de 2020:
- Sentido de pertenencia más débil.
- Vínculos laborales superficiales
o efímeros.
- Menor resiliencia colectiva.
- Equipos fragmentados por la distancia y por la falta de
experiencias compartidas.
- Menos cultura acumulada para sostener el trabajo en momentos
críticos.
Una crisis de aislamiento hoy
pondría en evidencia que muchas organizaciones han construido funcionamiento…
pero no cultura.
6. ¿Cómo
recuperar —o construir— una cultura firme en tiempos híbridos?
Empatía como habilidad
estratégica. Programas de inteligencia emocional, escucha
activa y comunicación consciente.
Rituales que sostengan la
identidad. Encuentros periódicos, espacios de integración,
ceremonias simples pero significativas.
Liderazgo con presencia, aun a
distancia. Líderes visibles, disponibles y capaces de
generar cohesión.
Fomento del “nosotros” sobre el
“yo”. Metas compartidas, colaboración real y
reconocimiento colectivo.
Educación digital. La tecnología debe servir al
equipo, no desplazar los vínculos humanos.
7. ¿Es posible
recuperar la comunidad?
La imagen del motorista no es solo un meme; es
una advertencia.
En un mundo hiperconectado, podemos perder la empatía sin darnos cuenta.
En organizaciones con equipos dispersos, podemos perder la cultura sin notarlo.
Pero no es un destino inevitable.
Podemos usar la tecnología sin sacrificar
humanidad.
Podemos construir culturas sólidas, incluso en modelos híbridos.
Podemos elegir ayudar antes de grabar.
Podemos volver a ser comunidad.
El desafío no es técnico, es
humano: volver a poner a las personas en el centro, incluso cuando todo a
nuestro alrededor nos empuja hacia la pantalla.
domingo, 9 de noviembre de 2025
Simon's Thoughts on the Purpose of AI - Reflexiones de Simon Sinek sobre el propósito de la IA.
La IA y otras tecnologías pueden apoyar nuestras relaciones, pero no deberían reemplazarlas
sábado, 30 de agosto de 2025
¿EMPRESAS BILLONARIAS UNIPERSONALES? SAM ALTMAN CREADOR DE CHAT GPT
¿Se pueden crear compañías billonarias con una sola persona?
- ¿Estamos entrando en la era de las “empresas unipersonales billonarias”?
- ¿Qué capacidades humanas seguirán siendo insustituibles, incluso con la IA?
- ¿Cómo deberían prepararse los emprendedores y profesionales ante este cambio de paradigma?
- ¿Qué oportunidades y riesgos implica que una sola persona pueda controlar empresas de tal magnitud?
- ¿Cómo debería evolucionar la educación y la formación profesional para preparar a futuros emprendedores en este nuevo escenario?
miércoles, 27 de agosto de 2025
LA TECNOLOGIA IMPULSA, LA CULTURA TRASCIENDE
Por Guillermo Ceballos Serra
¿Y si no es la tecnología lo que nos reemplaza,
sino los malos hábitos que transmitimos?
Un pensamiento que vale la pena hacerse en
tiempos donde solemos culpar a la tecnología de todos nuestros miedos.
En los últimos años se ha instalado una conversación recurrente: “la inteligencia artificial nos va a reemplazar”, “los robots ocuparán nuestros trabajos”, “la automatización hará obsoletas muchas profesiones”. Y aunque es cierto que la tecnología está transformando la manera en que trabajamos, tal vez no sea esa la mayor amenaza. Tal vez lo que realmente puede debilitarnos como profesionales y organizaciones son los malos hábitos que transmitimos y normalizamos cada día.
El poder invisible de lo cotidiano
Lo cotidiano tiene un poder silencioso, casi
invisible. Son esos pequeños gestos, casi imperceptibles, los que terminan
marcando la cultura de un equipo.
Un nuevo colaborador puede llegar lleno de
entusiasmo, con ganas de aprender y aportar. Pero si observa que las reuniones
siempre empiezan tarde, que las tareas se postergan o que no se escucha con
atención, poco a poco se adapta. Y lo que en principio eran excepciones,
terminan convirtiéndose en reglas no escritas.
La cultura no se escribe en los valores de la
pared, se vive en los hábitos de cada día.
Los hábitos negativos son contagiosos: la
procrastinación, la apatía, la falta de compromiso. Pero lo mismo ocurre con
los positivos: la puntualidad, la escucha activa, el agradecimiento, la
colaboración genuina.
Un saludo amable, un “gracias” sincero o un
gesto de apoyo pueden parecer detalles pequeños, pero tienen un efecto
multiplicador. Esos actos cotidianos construyen confianza, alimentan la
motivación y refuerzan el sentido de pertenencia.
Los malos hábitos se multiplican en silencio, pero también los buenos.
La cultura de una organización no se define solo en un documento de valores corporativos, sino en lo que hacemos cada día cuando nadie nos observa. Ahí, en lo cotidiano, es donde realmente se juega el futuro de un equipo.
Liderar con el ejemplo
Los líderes tienen una influencia determinante
en este proceso. Las personas no siguen discursos, siguen ejemplos.
Un líder puede hablar de compromiso, innovación
y trabajo en equipo, pero si no lo refleja en su comportamiento diario, esas
palabras se vacían de sentido. En cambio, cuando un líder escucha de verdad,
cumple lo que promete y reconoce los logros de su gente, inspira más que
cualquier manual de cultura.
Cada gesto educa: los equipos aprenden más de lo que observan que de lo que escuchan.
No se trata de ser perfectos, sino de ser coherentes. De entender que cada acción diaria, por pequeña que parezca, tiene un impacto en quienes nos rodean.
La semilla que sembramos
Cada acción es una semilla de cultura. La
pregunta es: ¿qué estamos sembrando hoy?
- Si sembramos desconfianza, cosecharemos
individualismo.
- Si sembramos indiferencia, cosecharemos apatía.
- Pero
si sembramos gratitud, compromiso y empatía, cosecharemos motivación,
confianza y resultados sostenibles.
Lo que sembramos en lo cotidiano es lo que
florecerá en el futuro de la organización.
La tecnología seguirá avanzando, y seguramente
reemplazará tareas y procesos. Pero lo que nunca podrá reemplazar es la
calidad humana que somos capaces de transmitir en nuestras interacciones
diarias.
Peter Drucker decía que “la cultura se come la estrategia en el desayuno”. Hoy podríamos agregar: la cultura también se come a la tecnología. Porque ni la mejor estrategia, ni la innovación más avanzada, sobrevivirán en una organización donde los malos hábitos gobiernan el día a día.
Una invitación a reflexionar
Quizás la pregunta más importante no sea si los
robots ocuparán nuestro lugar, sino:
¿Qué hábitos estoy transmitiendo hoy a quienes me rodean?
El futuro de nuestras organizaciones no depende
solo de los avances tecnológicos, sino de la cultura que construimos a través
de nuestros comportamientos.
Lo que transmitimos hoy es la cultura que
viviremos mañana.
domingo, 20 de julio de 2025
DAVE ULRICH: 5 Trends Shaping the Future of HR
lunes, 26 de mayo de 2025
DE LA IA ENCUBIERTA A LA IA DISRUPTIVA
Por Sergio Sperat. Director de Estrategia del Conocimiento en ESTRATEGA
Desde hace 3 años que la plataforma ChatGPT® de la
firma OpenAI tomó al mundo por sorpresa, y ahora hasta nos han
aparecido íconos de IA en nuestras aplicaciones de chat (como el Meta IA dentro
de WhatsApp), en las de escritorio (como el Office Copilot de
Microsoft) o en los buscadores (como Google Gemini AI dentro
del navegador).
De repente, la IA ha entrado de manera subrepticia en
muchas aplicaciones de nuestra vida cotidiana digital, sin que lo hayamos
solicitado nunca de manera explícita, o con un simple check
desapercibido al que casi ni le prestamos atención.
En términos de la integración a nuestras actividades
laborales, también es esperable que veamos también cierto grado de integración
de las aplicaciones de negocio con estos "motores de IA" que
actúan como ayudantes o asistentes, también conocidos como "chatbots".
Desde mi punto de vista, el problema de la IA encubierta (o subrepticia) es que
carece del gobierno necesario para asegurar su uso correcto y por lo tanto,
necesario para proteger uno de los activos estratégicos de la compañía: sus
activos digitales.
Ciertamente, se dice que la IA generativa tiene el potencial de ser una fuerza disruptiva en toda la cadena de
valor de una industria. Sin embargo, desde la óptica organizacional, los
desafíos para integrar estas capacidades en la arquitectura de sistemas
empresariales es un desafío descomunal. Analicemos entonces cuáles son los
factores y desafíos que enfrentan las áreas de Sistemas para que la IA
sea realmente un elemento diferenciador en la contribución de
valor al negocio.
En primer lugar, las plataformas de IA requieren de
una infraestructura tecnológica muy potente que sólo es posible contratar a
grandes proveedores. Las tecnologías y herramientas necesarias para que un
motor de IA pueda funcionar sólo está al alcance de los que proveen servicios
en la nube, como Microsoft Azure, Amazon Web Services o Google Cloud.
¿Podría la empresa montar su propio Centro de Cómputos
para IA? Hoy me animo a decir que no sólo es difícil, sino casi imposible, por
las dimensiones del hardware disponible. Solamente en cuanto a capacidad de
procesamiento, las placas NVIDIA® pueden llegar a costar más
de 1 millón de USD cada una. Y si bien la aparición de DeepSeek® ha
derrumbado en parte este mito, todavía implica un desafío tecnológico poder
mantenerla actualizada en el tiempo, como lo fue en su momento la actualización
constante de los Centros de Cómputo tradicionales.
La infraestructura no sólo es avanzada en sí misma,
sino que requiere de un expertise para implementarlas, mantenerlas y
administrarlas que pocas organizaciones suelen tener internamente.
No solo se trata de dominar tal o cual sistema
operativo o base de datos, sino que se suman cuestiones de seguridad
distribuida y por capas, servidores propios o administrados, servicios
administrados coexistentes con las aplicaciones y servicios propios, bases
de datos no convencionales (como las vectoriales o documentales),
repositorios de aplicaciones, espacios de prueba, validación y producción de
fuentes que corren en distintos entornos y con diferentes requerimientos de
configuración de librerías y ambientes de ejecución, pipelines de
transferencia y transformación de información entre repositorios para
soportar el desarrollo e implementación continuas (CD/CI), gestión de data
lakes, etc.
Dentro de este expertise específico se agregan las
plataformas de IA generativa, de las cuales ChatGPT® es tal vez el exponente
más reconocido popularmente, pero existen otras plataformas disponibles como
Gemini, Llama, AI21, Cohere, Anthropic o Mistral, por nombrar las más
difundidas. Como es de esperar, siendo que la infraestructura es tan costosa y
está tercerizada, los proveedores también cobran de manera diferente por el uso
de la plataforma elegida.
El costo de uso de las plataformas de IA es
un factor más a tener en cuenta al momento de elegir. Pero hay otro factor muy
importante también, que es el uso que se le piensa dar a la misma en los casos
de negocio que la organización ha pensado para su despliegue.
Concretamente, ¿conviene implementar un modelo
"pequeño" como ChatGPT 4-o Mini de OpenAI, o el caso de uso requiere
de todo el poder multimodal de Claude 3 de Anthropic? La elección
entonces no depende exclusivamente del costo de uso, sino de la aplicación que
se desea implementar con dicha plataforma.
A la cuestión del expertise técnico para administrar
toda la infraestructura en su complejidad exponencial hay que agregarle otro
hecho fenomenal en estos años: la velocidad de los cambios. desde la versión 3
de ChatGPT, se ha lanzado a razón de una versión mayor por año. En el caso de
Claude, la versión 1 salió en Abril/23, Claude 2 en Julio/23, Claude
3 Opus en Marzo/24, y Claude 3.5 Sonnet en Julio/24.
Y cada uno de estos cambios implica técnicamente que
la forma de acceder a la nueva plataforma es diferente a la anterior, haciendo
que toda inversión en desarrollos tenga que ser actualizada para "mantenerse
al día", sin considerar además que un cambio de versión suele
incorporar nuevos comportamientos a los ya conocidos, pudiendo impactar de
forma directa a lo que ya estaba funcionando con la versión previa.
Salvo empresas enteramente digitales, cualquier
organización comercial o industrial va a priorizar su operación
"core" por sobre dedicar recursos costosísimos en el
desarrollo interno de software de este tipo. Por eso tiene sentido económico
que éste sea el foco de empresas especializadas en tales tecnologías y que las
organizaciones comerciales industriales las subcontraten como proveedores
estratégicos.
Dada las demandas recurrentes y constantes que tienen
las áreas de TI para mantenerse al día con los proyectos internos de la
organización, esta desmesurada velocidad con que las plataformas han
evolucionado en tan corto plazo (y que se espera que continúe al menos durante
18-24 meses más), hace prácticamente imposible que el personal técnico de TI
pueda estar al día para poder brindar un servicio de IA de calidad,
predecible y estable, como ocurre con aplicaciones como el correo
electrónico, el ERP o el CRM por ejemplo.
Y otra variable de gran impacto en la actualidad, es
la excesiva escasez de personal técnico con el expertise requerido para dar
soporte a estas tecnologías. Cuando hablamos de obra especializada
de TI desde hace más de 10 años que el mercado laboral es el mundo
entero, ya que todo puede resolverse de manera remota.
Y sigo: la infraestructura y la plataforma de IA son
sólo las piedras fundamentales para desarrollar aplicaciones basadas en IA que
sean de valor para el negocio. Aquí nuevamente aparecen otros dos desafíos
adicionales: la proliferación de herramientas de desarrollo para resolver
problemas específicos y las limitaciones técnicas que éstas imponen para
abordarlos.
Por ejemplo, la optimización de una red de
distribución de mercadería utilizando la capacidad disponible del ecosistema de
servicios de transporte en un determinado momento requiere de un conjunto de
algoritmos especializados que son muy diferentes a los que requieren las áreas
de marketing para estimar la reacción del mercado consumidor frente a una
hipotética campaña para impulsar un artículo en un período dado. La elección de
los algoritmos y métodos apropiados para uno y otro también requieren de capacidades
y conocimientos técnicos específicos, propios de los científicos de
datos, que no todas las organizaciones tienen a disposición entre los miembros
de las áreas de TI.
Dados los algoritmos apropiados, el insumo
básico para que los modelos de IA funcionen como se espera son los datos de la
empresa. Si los datos utilizados para entrenar los modelos no son
correctos, los resultados van a ser muy poco confiables, restándole
credibilidad al esfuerzo e inversión hecha en estas aplicaciones.
Y por último están los usuarios de estas aplicaciones. Sabemos que es utópico
pensar que por el solo hecho de poner en producción una aplicación será
adoptada inmediata y alegremente. Más bien ocurre lo contrario: el despliegue
de cualquier aplicación de negocio requiere no solo cuestiones de formación
y conocimientos técnicos puntuales, sino que hay que preparar el
terreno para el cambio que la nueva aplicación tiene en el día a día en las
operaciones del negocio.
Como se puede repasar, para llegar a una IA disruptiva
para el negocio hay que recorrer un camino sin prisa pero sin pausa, donde hay
diferentes carriles paralelos: infraestructura, ambientes, modelos, algoritmos,
datos, seguridad y personas. Por estos motivos vislumbro que todavía queda por
transcurrir bastante tiempo hasta que las organizaciones tengan la capacidad
para contar con estas aplicaciones in-house como se piensa. En
el interín, es bastante probable que las empresas deban apoyarse en vendors
con plataformas apropiadas para resolver sus casos de uso más
rápidamente, y que además sean estables y confiables cumpliendo con los
requisitos mencionados.




