Por
Walter F. Torre, Fundador de IBKIN Institute. (International Bureau of
knowledge and Innovation.
Hay algunas empresas que se obsesionan por
mantener lo que conquistaron. Hay otras que se obsesionan con obsolescer lo que
conquistaron.
Las primeras aman el pasado y construyen un
lenguaje que lo blinda. Hablan de lo que hicieron, de lo que no puede hacerse,
de lo imposible, de lo valioso que todavía creen que es aquello cuyo tiempo ya
pasó.
Las segundas construyen un lenguaje diferente.
Apuestan por la intuición, cultivan la inspiración y abren conversaciones sobre
preguntas que todavía nadie se ha atrevido a formular.
Quienes eligen subsistir en la obsolescencia
resguardan la memoria por encima del pensamiento. El recuerdo se transforma en
una emoción que limita lo diferente y convierte en amenaza todo aquello que
podría desafiar sus certezas.
Quienes eligen volver obsoleto el pasado que
insiste en prolongarse en un presente continuo no lo destruyen ni lo
desprecian. Lo someten a prueba y rescatan de él aquello que aún conserva valor
para inspirar el futuro: los principios, el espíritu de conquista, la
disciplina, la perseverancia.
Las empresas obsesionadas con la continuidad
esconden sus errores entre las raíces del árbol de la rentabilidad. Lo hacen
creyendo que cuidar un árbol consiste únicamente en admirar sus frutos, sin
advertir que son las raíces las que, silenciosamente, comienzan a morir.
Las organizaciones que se obsesionan con
discontinuar lo obsoleto cultivan, en cambio, su propio desarrollo. Comprenden
que la innovación es como el agua: no embellece las hojas, sino que alimenta
las raíces invisibles desde donde nace todo lo nuevo.
Las empresas que solo preservan el pasado
terminan copiando y celebrando lo que otros hacen, casi siempre con retraso.
Las que se atreven a discontinuar lo inútil crean, experimentan, se equivocan y
convierten esos errores en la materia prima de lo extraordinario.
La
continuidad y la discontinuidad no son estrategias; son elecciones culturales.
Una busca preservar los resultados alcanzados. La otra procura que esos
resultados sigan siendo posibles mañana.
Elegir
entre el narcisismo de lo igual y la honestidad de lo diferente constituye el
verdadero salto de una organización que no solo quiere liderar un mercado, sino
también liderarse a sí misma.
Obsolescer
no es destruir el pasado. Es impedir que el pasado destruya el futuro.