Blog de Guillermo Ceballos Serra y sus Invitados
ABRIL 2026
viernes, 1 de mayo de 2026
jueves, 16 de abril de 2026
NO PERDISTE AL TALENTO HOY. LO PERDISTE HACE MESES.
Hay algo
que muchas empresas todavía no terminan de entender:
La gente
buena no se va solo por dinero.
Esta semana
hablé con un candidato que estaba en una muy buena empresa.
Buen salario. Buen puesto. Buen equipo.
Y sin
embargo, decidió irse.
No fue una
decisión impulsiva.
Fue el resultado de algo que se fue acumulando en el tiempo:
- Falta de feedback real
- Decisiones que no se explican
- Sensación de no estar creciendo
Nada
“grave”.
Pero todo importante.
Porque el
talento no se va de un día para el otro.
Se va cuando deja de encontrar sentido.
Y lo más
complejo es que, cuando eso pasa, ya es tarde.
La empresa
cree que perdió a alguien por una oferta mejor.
Pero en realidad, lo perdió mucho antes.
Ahí está el
verdadero problema.
No es la
salida.
Es todo lo que pasó antes… y nadie vio.
𝗘𝗹 𝘁𝗮𝗹𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗮𝗱𝗲𝗰𝘂𝗮𝗱𝗼 𝘀𝗶𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲 𝗲𝗻𝗰𝘂𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮 𝘀𝘂 𝗹𝘂𝗴𝗮𝗿.
CUATRO ESTRATEGIAS PARA RESPONDER A LA DISRUPCIÓN
Por Jeroen Kraaijenbrink. Through the Pit | Advisor to CEOs who are ready to face what is actually wrong | Author of 6 books | LinkedIn Top Voice. Países Bajos. www.jeroenkraaijenbrink.com/
Las personas también.
Este marco fue creado para empresas que enfrentan disrupciones. Pero míralo de nuevo: se aplica igual de bien a cómo los individuos responden ante la presión.
→ Redoblar la apuesta (Double Down). Te apoyas aún más en aquello en lo que siempre has sido bueno: tu experiencia, tu reputación, tu red de contactos. El riesgo es el mismo que para las empresas: el mundo puede dejar de valorar lo que has construido.
→ Contraatacar (Fight Back). Te mueves rápido, te adaptas de forma agresiva e intentas vencer a la disrupción en su propio terreno. Es estimulante, pero muy exigente de ejecutar. Acertar con el timing es casi imposible.
→ Replegarse (Retrench). Consolidas, proteges lo importante, reduces la exposición y juegas a la defensiva. Es sostenible por un tiempo, pero rara vez lleva a algo nuevo.
→ Moverse a otro terreno (Move Away). Te reinventas: nuevas habilidades, nuevo contexto, nuevo mercado para lo que ofreces. El potencial es real, pero también la dificultad.
Lo que hace útil a este marco no es que te diga cuál elegir. No lo hace. Cada opción tiene beneficios reales. Cada una implica riesgos reales.
Lo que sí hace es obligarte a enfrentar una pregunta que la mayoría de las personas y organizaciones evita:
==> ¿Estás eligiendo una respuesta o simplemente reaccionando a la presión?
Porque reaccionar y elegir se ven idénticos en el momento. La diferencia solo se hace evidente después.
Las organizaciones que sobreviven a la disrupción suelen ser conscientes del modo en el que están operando, y no quedan atrapadas en uno por defecto.
Lo mismo ocurre con las personas.
FOUR WAYS TO RESPOND TO DISRUPTION (Original version in English)
When pressure hits, most organizations instinctively pick
one of four responses.
What it does is force a question most people and organizations avoid:
==> Are you choosing a response, or just reacting to pressure?
Because reacting and choosing look identical in the moment. The difference only
becomes visible later.
The organizations that survive disruption tend to be conscious about which mode
they're in. Not trapped in one by default.
The same is true for people.
Publicado en LinkedIn, abril 2026.
Traducción al español CGS.
viernes, 10 de abril de 2026
ADIÓS, FOMO. HOLA... ¿FOBO?
Por Gaungrong Dai, Senior Director of Research, Minneapoles, Minnesota, USA; Bryan Ackermann, Head of AI Strategy & Tranformation, Scottdale, Arizona, USA; Roger Philby, Global Lead, People Strategy & Performance Practice, London, UK. - Korn Ferry
El acrónimo Fear of Missing Out (Miedo
a perderse algo), que ya tiene 22 años, está siendo rápidamente reemplazado por
una frase similar, pero potencialmente mucho más preocupante: Fear of
Becoming Obsolete (Miedo a quedar obsoleto). Una encuesta de Gallup
indica que casi el 22% de los trabajadores estadounidenses cree que
podría quedar obsoleto profesionalmente. Sorprendentemente, los
trabajadores más jóvenes tienen el doble de probabilidades de esperar que esto
suceda.
Los expertos advierten que este temor es un
fenómeno preocupante que los líderes no deberían ignorar. La gente ya empieza a
plantearse preguntas trascendentales como "¿Quién soy?" y "¿Cuál
es mi valía profesional?", afirma Guangrong Dai, director
sénior de investigación del Instituto Korn Ferry. Un conocido de Dai se
enfrentó recientemente a la eliminación gradual de su trabajo; al no tener ya
sus habilidades en el mercado laboral, simplemente abandonó su carrera
profesional. A Dai le preocupa que muchos otros hagan lo mismo. Incluso si los
trabajadores no abandonan necesariamente el mercado laboral, observa, podrían
volverse menos comprometidos y productivos en un momento en que muchas empresas
los necesitan desesperadamente para innovar. "Es una indefensión
aprendida", concluye.
Como era de esperar, la IA está impulsando gran
parte de esta percepción. En conjunto, las empresas probablemente invertirán
más de 100 mil millones de dólares este año para incorporar herramientas e
infraestructura relacionadas con la IA a sus organizaciones, y muchos líderes
se centran en el potencial de productividad de la IA en lugar de en sus
oportunidades de expansión empresarial. Más de la mitad (52%) de los
trabajadores estadounidenses temen que esta tecnología los desplace, casi el
doble que en 2024.
Los empleados de mayor edad ven cómo los
líderes de la empresa afirman que los despidos y las reestructuraciones están
relacionados con la IA. Los trabajadores más jóvenes temen que la tecnología se
haga cargo de las tareas propias de los primeros años de carrera, privándolos
así de la oportunidad de demostrar su valía.
Pero este fenómeno no se debe únicamente a las
nuevas tecnologías. A muchos jóvenes trabajadores se les dice que su falta de
habilidades esenciales de inteligencia emocional les impedirá ser valiosos en
el mercado laboral actual. Muchos empleadores se quejan de que los trabajadores
de la Generación Z no son capaces de mantener la concentración, resolver
conflictos ni comunicarse eficazmente en persona. Algunos expertos temen que
los jóvenes de la Generación Z estén interiorizando estas críticas y
permitiendo que exacerben sus temores sobre su propia obsolescencia. La
Generación Z presenta los niveles más bajos de bienestar social de todas las
generaciones, con más del 50 % que afirma que necesidades básicas como la de
"pertenencia" no se satisfacen en el trabajo, según una encuesta de
Korn Ferry de 2025.
Los líderes pueden ayudar a abordar al menos
algunas de las preocupaciones de FOBO (miedo a perderse algo). Deben explicar
que la IA es una herramienta que complementa, no reemplaza, a los trabajadores
humanos. "En el centro de todo lugar de trabajo preparado para la IA está
la colaboración entre humanos e IA: personas y tecnología aprendiendo y
logrando resultados juntos", afirma Bryan Ackermann, director de
estrategia y transformación de IA de Korn Ferry. Los líderes también pueden
asegurar a los trabajadores que, si bien la IA está cambiando la forma en que
se trabaja, no lo hará de la noche a la mañana. Un estudio reciente del MIT
estima que para 2029, la IA podrá completar la mayoría de las tareas basadas en
texto con gran eficacia, lo que daría a millones de personas un par de años
para aprender nuevas habilidades o evaluar sus próximos pasos profesionales.
Además, los líderes deberían aprovechar la gran
demanda de los trabajadores por aprender a usar la tecnología. En una encuesta
reciente, casi dos tercios (63%) de los trabajadores de todo el mundo dijeron
que cambiarían un aumento salarial del 10% por la oportunidad de mejorar sus
habilidades digitales y de IA.
Según los expertos, las organizaciones también
pueden ayudar a abordar las preocupaciones relacionadas con las habilidades
blandas. Algunas empresas han emparejado a empleados de la Generación Z con
líderes sénior. El líder sénior aprende sobre herramientas de IA o tendencias
sociales, mientras que el empleado de la Generación Z observa el "poder
blando" del líder, incluyendo cómo maneja un grupo, interpreta el lenguaje
corporal y gestiona reuniones tensas. "La Generación Z está ansiosa por
desarrollarse", afirma Roger Philby, líder global de la
práctica de Estrategia y Desempeño de Personas de Korn Ferry.
martes, 7 de abril de 2026
EL LIDERAZGO DUBITATIVO: DIRIGIR CUANDO NO HAY RESPUESTAS
Por Marcelo Lasagna. Fundador de Protea Becoming Adaptive | Somos agente habilitador de inteligencia adaptativa en las organizaciones y personas. Barcelona, España.
"Solo
se puede tener fe en la duda". Jorge Wagensberg
Durante décadas, el liderazgo en las
organizaciones se ha asociado a una expectativa muy concreta: saber.
Saber qué hacer, saber a dónde ir, saber cómo resolver los problemas. El buen
líder era, ante todo, el que tenía respuestas.
Ese modelo funcionó -más o menos- en entornos
estables, donde los problemas eran repetitivos, las variables controlables y el
futuro razonablemente previsible. Pero en los entornos actuales, marcados por
la complejidad, la interdependencia y la incertidumbre estructural, ese
liderazgo ya no solo resulta insuficiente: se ha vuelto contraproducente.
Hoy, en muchas organizaciones, el verdadero
problema no es la falta de respuestas, sino la obsesión por aparentar que se
tienen.
Jacinda Ardern lo expresa con una claridad poco
habitual en la política contemporánea: reconocer que no se tienen todas las
respuestas no equivale a no tener un plan. Equivale a hacer explícitas las
condiciones bajo las cuales se toman las decisiones.
Ese
matiz es crucial. Porque el liderazgo dubitativo no renuncia a decidir.
Renuncia a fingir omnisciencia.
La ficción del liderazgo seguro
En contextos complejos, las organizaciones
enfrentan problemas que no se dejan encerrar en un diagnóstico claro ni
resolver con una solución técnica: transformaciones culturales, digitalización,
tensiones de talento, sostenibilidad, polarización interna, cambios
regulatorios, disrupciones tecnológicas o crisis reputacionales. Problemas que
no tienen una única causa ni una solución definitiva.
Sin embargo, seguimos premiando liderazgos que
comunican seguridad absoluta, que simplifican el relato y que prometen control.
Esa narrativa tranquiliza a corto plazo, pero tiene un coste elevado: niega
la complejidad real del sistema y empuja a decisiones rígidas, defensivas o
desconectadas de la realidad.
El liderazgo dubitativo emerge precisamente
como una alternativa a esa ficción.
¿Qué es
el liderazgo dubitativo?
El liderazgo dubitativo no es un liderazgo
indeciso ni vacilante. No es falta de criterio ni parálisis. Es, más bien, un
liderazgo que acepta explícitamente que no dispone de certezas completas
y que, aun así, asume la responsabilidad de decidir.
Dudar, en este contexto, no significa no actuar.
Significa actuar con conciencia de los límites del conocimiento,
reconociendo que toda decisión es provisional, situada y revisable.
Este tipo de liderazgo parte de una premisa
incómoda pero honesta: en sistemas complejos, nadie -ni siquiera quien
lidera- ve el sistema completo. Falta inteligencia ecológica, diría Daniel
Goleman
Liderar
sin soluciones cerradas
Uno de los rasgos centrales del liderazgo
dubitativo es la renuncia a las soluciones finales. En las organizaciones
complejas, los problemas no se “resuelven”; se gestionan, se amortiguan, se
reencuadran o se transforman con el tiempo.
Pretender lo contrario genera frustración
interna, cinismo y, a menudo, desgaste del liderazgo. El líder dubitativo no
promete que “esto se arreglará”, sino que explica cómo se va a navegar la
incertidumbre.
Eso cambia radicalmente el contrato psicológico
entre líderes y equipos: el liderazgo deja de ser proveedor de certezas y pasa
a ser facilitador de sentido y dirección.
En muchas culturas corporativas, la duda se
vive como una amenaza: cuestionar una decisión es interpretado como debilidad;
admitir incertidumbre, como falta de preparación. El liderazgo dubitativo
invierte esa lógica.
Dudar bien es una competencia clave. Implica:
- Escuchar activamente señales débiles.
- Incorporar perspectivas diversas antes de cerrar
decisiones.
- Reconocer
errores tempranos sin esperar a que se conviertan en crisis.
- Mantener
abiertas varias hipótesis estratégicas.
- Ajustar
el rumbo sin dramatizar el cambio.
Las organizaciones que sobreviven -y
evolucionan- no son las que aciertan siempre, sino las que corrigen antes.
Y eso solo es posible cuando el liderazgo no se aferra a la apariencia de
certeza.
Autoridad
sin omnisciencia
Uno de los grandes malentendidos sobre el
liderazgo dubitativo es pensar que erosiona la autoridad. Ocurre justo lo
contrario. En entornos complejos, la autoridad no proviene de saber más que los
demás, sino de saber integrar mejor lo que los demás saben.
El líder dubitativo no se coloca por encima del
sistema, sino dentro de él. No monopoliza la interpretación de la realidad,
sino que habilita espacios donde esa interpretación se construye
colectivamente.
Esto no elimina la asimetría de responsabilidad
-el líder sigue decidiendo-, pero transforma la forma en que se ejerce el
poder: menos vertical, más relacional; menos performativo, más funcional.
Liderar desde la vulnerabilidad operativa
Aceptar que no se tienen todas las respuestas
exige un tipo particular de fortaleza. No es vulnerabilidad emocional entendida
como exhibición, sino vulnerabilidad operativa: la capacidad de mostrar
los límites del marco actual sin perder legitimidad.
Cuando un líder dice “no lo sabemos todo, pero
este es nuestro plan con la información disponible”, está haciendo algo muy
potente: está alineando expectativas con realidad. Eso reduce la
ansiedad organizativa, incluso cuando el contexto es incierto.
Paradójicamente, muchas organizaciones sufren
más por promesas incumplidas que por decisiones imperfectas comunicadas con
honestidad.
El coste
invisible del liderazgo dubitativo
Este tipo de liderazgo no es cómodo. Exige
sostener la ambigüedad, convivir con la crítica y renunciar al refugio
psicológico que ofrece la falsa certeza. Implica un mayor desgaste cognitivo y
emocional.
Por eso no puede ejercerse de manera heroica ni
individualista. El liderazgo dubitativo necesita estructuras de apoyo,
equipos directivos cohesionados y culturas organizativas que no penalicen el
error honesto.
Cuando estas condiciones no existen, el
liderazgo se quema, se endurece o se vuelve defensivo.
Un
liderazgo para organizaciones vivas
El liderazgo dubitativo es coherente con una
visión de la organización como sistema vivo, no como máquina. En los sistemas
vivos, la adaptabilidad no surge de planes perfectos, sino de ajustes
continuos, aprendizaje y sensibilidad al entorno.
En este sentido, el liderazgo deja de ser una
función de control y pasa a ser una función de regulación adaptativa:
mantener la coherencia interna mientras el sistema cambia.
No se trata de tener siempre razón, sino de equivocarse
sin romper el sistema.
Epílogo: el coraje de no fingir
Quizá el mayor acto de liderazgo hoy no sea
ofrecer respuestas rápidas, sino resistir la tentación de simplificar lo que
es irreductiblemente complejo. Liderar sin certezas, sin soluciones
cerradas y sin relatos heroicos exige un tipo de coraje poco reconocido en el
mundo empresarial.
Pero es precisamente ese coraje -el de dudar
sin abdicar- el que permite a las organizaciones atravesar la incertidumbre sin
perderse a sí mismas.
En tiempos complejos, el liderazgo dubitativo
no es una carencia. Es una forma madura de ejercer el poder.
Publicado el 3 de marzo de 2026 en LinkedIn y en este espacio con expresa autorización del autor.
domingo, 29 de marzo de 2026
EL MITO DE LA ESCASEZ DE TALENTO
Por Guillermo Ceballos Serra
Durante
años, escuché la misma frase repetirse en reuniones, entrevistas y directorios:
“No
encontramos talento.”
Claro que
hay búsquedas difíciles.
Claro que existen perfiles escasos o altamente demandados en el mercado.
Pero
incluso en esos casos, la dificultad no suele estar solo en la falta de
talento.
Muchas veces, lo que llamamos “escasez” es en realidad el resultado de cómo
definimos el perfil, cómo buscamos y, sobre todo, cómo tomamos decisiones sobre
ese talento.
Después de
trabajar con distintos equipos, industrias y contextos, la conclusión es otra:
Las
empresas no tienen problemas de talento.
Tienen problemas de decisiones.
El problema
rara vez es la falta de talento.
El problema son las decisiones que se toman (o no se toman) sobre ese talento.
EL MITO
DE LA ESCASEZ
Claro que
hay perfiles difíciles de conseguir.
Claro que hay mercados competitivos.
Pero en la
mayoría de los casos, lo que parece un problema de talento es en realidad:
• Búsquedas
mal definidas
• Expectativas irreales
• Procesos de selección lentos o confusos
• Liderazgos que no desarrollan
• Culturas que expulsan
No es que
el talento no exista.
Es que no estamos sabiendo atraerlo, elegirlo o sostenerlo.
DECISIONES
QUE DESTRUYEN TALENTO (SIN QUE LO NOTEMOS)
A lo largo
del tiempo, hay patrones que se repiten:
1.
Buscar el “candidato perfecto”
Perfiles
imposibles, híbridos irreales, años de experiencia que no se justifican.
Resultado:
procesos eternos y oportunidades perdidas.
2.
Contratar desde la urgencia
Cuando la
presión aprieta, baja la calidad de la decisión.
Resultado:
malas contrataciones que después cuestan el doble.
3.
Promover sin preparar
Convertir a
un buen técnico en un mal líder.
Resultado:
pérdida de talento + equipos desmotivados.
4. No
dar feedback (o darlo mal)
Evitar
conversaciones incómodas es una de las decisiones más caras.
Resultado:
bajo desempeño sostenido en el tiempo.
5. Tolerar culturas que
desgastan
Ambientes
donde el talento entra motivado… y se va agotado.
Resultado:
rotación que se interpreta como “falta de compromiso”.
EL
VERDADERO PROBLEMA: DECISIONES DESCONECTADAS DEL NEGOCIO
Muchas
decisiones sobre talento se toman sin responder preguntas clave:
- ¿Qué impacto tiene este rol en
el negocio?
- ¿Qué tipo de perfil realmente
necesitamos?
- ¿Qué estamos dispuestos a
ofrecer a cambio?
- ¿Qué tipo de cultura estamos
construyendo?
Cuando
estas respuestas no están claras, el resultado es predecible:
ruido, frustración y rotación.
CAMBIAR
EL FOCO: DE TALENTO A DECISIONES
Las
organizaciones que gestionan bien el talento no necesariamente tienen más
candidatos.
Tienen algo
distinto:
toman mejores decisiones.
Decisiones como:
- Definir bien antes de salir a
buscar
- Capacitar a la línea para
entrevistar
- Priorizar
potencial sobre perfección
- Invertir
en desarrollo real
- Medir
impacto, no solo actividad
- Construir entornos donde la
gente quiera quedarse
UNA
PREGUNTA INCÓMODA (PERO NECESARIA)
Antes de
decir “no hay talento”, quizás valga la pena preguntarse:
¿Qué
decisiones estamos tomando que hacen que el talento no llegue, no crezca o no
se quede?
¿Entonces?
El talento
no es un recurso escaso.
Lo escaso es la capacidad de gestionarlo bien.
Y eso no
depende del mercado.
Depende de nosotros.
jueves, 5 de marzo de 2026
CUANDO OCURRE LA MAGIA
Por Gisel Spinosa, Vice Presidente de Recursos
Humanos - ADIUM
Durante años he participado en diferentes
encuentros estratégicos, lanzamientos, reuniones de equipos donde el foco
estaba en los números, los productos, los resultados. Pero con el tiempo
descubrí algo. Lo verdaderamente transformador nunca estuvo en el escenario, ni
en las presentaciones impecables, ni en las métricas proyectadas en una
pantalla. La verdadera magia siempre estuvo en las personas que participaban.
Y esa es, precisamente, la materia prima de los alquimistas modernos.
En cada encuentro uno puede observar dos
niveles de realidad: El visible: agendas, discursos, networking, planificación.
Y el invisible: miradas que se reencuentran, alguien que recupera
confianza, equipos que vuelven a creer, líderes que deciden —a veces sin
decirlo— dar un paso distinto.
La alquimia no ocurre en los contenidos., ocurre
en los vínculos. Porque las organizaciones no cambian cuando
entienden...cambian cuando algo las toca.
He visto cómo una conversación de pasillo
genera más transformación que una conferencia completa. Cómo alguien que
se siente escuchado vuelve a su lugar de trabajo con una energía capaz de
movilizar a otros. Cómo, cuando las personas se sienten parte de algo, aparece
una fuerza que ningún proceso puede imponer.
Eso no es logística. Eso es
transmutación. Nosotros trabajamos con algo infinitamente más complejo:
convertir miedo en posibilidad, convertir resistencia en compromiso,
convertir individuos en comunidad, convertir trabajo en propósito.
Las
convenciones, cuando están bien concebidas, son laboratorios humanos.
Espacios donde se suspenden las inercias cotidianas y se abre la
oportunidad de reconfigurar la manera en que las personas se ven a sí mismas, a
los otros y a lo que construyen juntos.
Ahí sucede la verdadera “Gran Obra”, la magia.
No en los contenidos sino en la energía compartida.
Por eso, liderar hoy no es solo definir
estrategias. Es diseñar experiencias donde las personas puedan
redescubrir su valor, su conexión y su capacidad de crear algo mayor que ellas
mismas.
La magia
no está en el evento. Está en lo que despierta. Y cuando eso ocurre, ya
no estamos gestionando organizaciones. Estamos practicando alquimia.
Publicado en LinkedIn el 20 de febrero de 2026 y en este espacio con expresa autorización de la autora.






