Por Guillermo Ceballos Serra
¿Por qué
el liderazgo que funcionó ayer ya no alcanza?
La incertidumbre no distingue tamaño de empresa. Tampoco debería hacerlo el liderazgo.
Durante
mucho tiempo, liderar significaba tener respuestas.
El contexto
cambió más rápido que nuestros modelos mentales. La velocidad, la complejidad y
la ambigüedad dejaron obsoletas muchas formas tradicionales de conducir equipos
y empresas, especialmente en el mundo PyME.
El fin
de un presente estable
En el
pasado, la presente era estático y el futuro inexistente.
Los cambios eran
tan lentos que resultaban casi imperceptibles, y la idea de un futuro distinto
apenas se cuestionaba.
Hoy ocurre
lo contrario: el presente es efímero —dura segundos— y el futuro es incierto,
dinámico y cambiante. No se puede predecir con precisión, pero sí se puede
liderar con criterio.
Este nuevo escenario exige una profunda revisión del rol del líder.
Liderar
en la incertidumbre
Una verdad
incómoda que muchos líderes aún evitan aceptar es que la incertidumbre no se
elimina.
Se gestiona.
Negarla
solo aumenta el miedo. El problema no es no saber; el verdadero problema es no
decir nada.
Cuando el
líder no gestiona la incertidumbre, aparecen patrones muy claros:
- Silencio
prolongado
- Cambios
de rumbo sin explicación
- Micromanagement
- Mensajes
contradictorios
El resultado es previsible: equipos ansiosos,
rumores, parálisis o hiperactividad improductiva.
No es casual que se cumpla una regla simple
pero poderosa: cuando el líder se desordena, la organización se desordena.
¿Qué
esperan hoy los equipos de sus líderes?
En
contextos inciertos, los equipos no esperan certezas absolutas. Esperan
tres cosas muy concretas:
- Calma
emocional
- Dirección
clara
- Sentido
No esperan
que el líder lo sepa todo. Esperan que no desaparezca.
Sin embargo, muchos líderes cometen un error frecuente: creen que mostrar dudas es debilidad. Entonces se callan. Pero el silencio no transmite fortaleza; transmite abandono.
Decidir
sin certezas: la regla del 60%
En la
incertidumbre, esperar el 100% de información suele ser la decisión más
riesgosa.
Por eso cobra valor una heurística simple y muy práctica: la regla del 60/40.
Con el 60%
de información, decidimos.
El 40% restante lo ajustamos en el camino.
Esta lógica
transmite movimiento, aprendizaje y confianza. Decidir “suficientemente bien y
a tiempo” suele ser mucho más efectivo que decidir perfecto y tarde.
Un mensaje
clave que muchos líderes necesitan animarse a decir es:
“No tengo
todas las respuestas hoy, pero sí tengo claro hacia dónde vamos y qué es
prioritario ahora.”
Lejos de
debilitar al líder, este mensaje lo humaniza y lo vuelve creíble.
El cambio y por qué suele fracasar
El cambio
no fracasa por falta de planes.
Fracasa porque se lidera desde el lugar equivocado.
Toda
transformación atraviesa distintos niveles:
- Emociones y creencias
Miedo, desconfianza, incertidumbre, “esto ya lo vi”.
Aquí nace la resistencia. Las personas no se resisten al cambio; se resisten a perder seguridad. - Mentalidad
“Esto no va a durar”, “no es para nosotros”, “a mí no me va a servir”.
Sin un cambio de mentalidad, los comportamientos vuelven atrás. - Comportamientos
Cumplen a medias, simulan, esperan que pase.
El cambio no falla en el diseño; falla cuando no se traduce en comportamientos concretos. - Procesos y herramientas
Lo visible: sistemas, roles, métricas.
Paradójicamente, es lo primero que se cambia y lo último que debería tocarse.
El rol del
líder es clave en cada nivel: escuchar y bajar ansiedad, explicar sentido y
consecuencias, dar el ejemplo y corregir rápido, y recién después formalizar
procesos.
Primero personas, después Excel.
Liderar
estratégicamente hoy
Durante
años se asoció la estrategia con planes rígidos y proyecciones a largo plazo.
Hoy, ese enfoque quedó corto.
La
estrategia es el norte.
No el mapa.
Liderar
estratégicamente no es predecir el futuro, sino decidir cómo responder
cuando el futuro es incierto. Es sostener la dirección aun cuando el camino
deba ajustarse.
El
verdadero líder estratégico no hace ni controla todo. Prioriza, decide y
desarrolla personas que puedan decidir mejor. Práctica una delegación madura,
piensa en sostenibilidad y mantiene cercanía con la gente.
Una
pregunta simple resume este desafío:
Si
mañana no estás, ¿la empresa funciona igual? (PyMEs)
La empresa crece cuando el líder deja de ser imprescindible y empieza a ser estratégico.
Una
reflexión final
Las PyMEs
que crecen no son las que tienen más planes.
Son las que logran líderes más conscientes, más estratégicos y más humanos.
Porque
liderar hoy no es tener todas las respuestas.
Es animarse a liderar en la incertidumbre, acompañar el cambio y sostener el
rumbo cuando todo se mueve.






