Por Leo Piccioli, Disrupting Management |
Speaker | Ex-CEO |OpenAI lanza ChatGPT Employer, una plataforma
que permite a jefes ver qu茅 buscan sus empleados. Todav铆a no es verdad, pero
podr铆a serlo.
12 de
septiembre de 2026
Delegar la duda, el dilema, el an谩lisis, es
regalar lo 煤nico que nos va a quedar como humanos, que es pensar y decidir.
Dos matem谩ticos (Tristan Buckmaster y Levent
Alp枚ge) ven铆an hace un a帽o avanzando en la investigaci贸n de la soluci贸n a un
mega problema, con un mill贸n de d贸lares de premio (Navier-Stokes). "De
repente", hace unas semanas, OpenAI (due帽a de ChatGPT) decide meterse a fondo a
estudiarlo.
Anunci贸 que lo hab铆a resuelto en apenas 80
horas. Fueron, en realidad, 88 horas de trabajo de 10.000 agentes de un modelo
que todav铆a no fue lanzado comercialmente. M谩s de 880.000 horas de
trabajo.
Por
educaci贸n, OpenAI convers贸 sobre el tema con Buckmaster. No con Alp枚ge, que
trabaja en Anthropic, una de sus competidoras. Durante la charla, el matem谩tico
les hizo una pregunta bastante l贸gica:
“¿Pueden
garantizarme que no usaron mis avances para llegar a su soluci贸n? Porque,
si los usaron, ser铆a nuestra soluci贸n”.
Y fue
todav铆a m谩s espec铆fico:
“¿El modelo
fue entrenado con mis sesiones en Codex?”.
Cri, cri.
Inserte
aqu铆 una respuesta poco contundente.
Modelos
voraces
El asunto
es el siguiente: los grandes modelos de lenguaje —los LLM, o la IA,
como nos gusta llamarlos— mejoran a partir de los datos que reciben.
Im谩genes,
audios, videos y, por supuesto, textos.
Los
devoran. Los leen, los interpretan, los incorporan al modelo y luego los
descartan.
Hace poco
supimos, por ejemplo, que algunas empresas compraban libros para escanearlos y
despu茅s destruirlos. Necesitaban los textos una sola vez: para incorporarlos a
sus sistemas.
Tambi茅n
conocemos los enormes conflictos judiciales entre estas compa帽铆as y los medios
period铆sticos, las editoriales y los autores por el uso de sus contenidos.
Incluso
comenzaron a aparecer textos “sint茅ticos”: una IA genera textos que luego
sirven para entrenar a otra IA.
Suena un
poco a un problema de casamientos entre primos.
Ahora
imaginemos el trabajo del “gerente de adquisici贸n de datos”: una persona cuya
misi贸n es encontrar, por todas partes, informaci贸n con la que alimentar a los
modelos para que sigan mejorando.
En mayo
cerr贸 Spirit Airlines, una aerol铆nea estadounidense de bajo costo. La empresa
fue liquidada y se vendieron todos los activos que pudieron venderse.
Hubo una
compra que llam贸 especialmente la atenci贸n.
Google, la empresa detr谩s de Gemini, pag贸 diez
millones de d贸lares por todos sus datos: correos electr贸nicos, comunicaciones
internas, planillas de c谩lculo, transacciones, reservas y hasta informaci贸n de
recursos humanos sobre sus empleados, aunque sin datos que permitieran
identificar individualmente a cada persona.
La segunda
mejor oferta hab铆a sido de 7,5 millones de d贸lares, realizada por Mercor, otra
compa帽铆a vinculada al mundo de la inteligencia artificial.
La
conclusi贸n es sencilla: los datos con los que se alimentan los grandes
modelos de lenguaje son cada vez m谩s valiosos.
Te juro
que no lo voy a tocar
Y ahora
viene la parte inc贸moda.
Todas estas
empresas de inteligencia artificial tienen muy cerca —en
realidad, ya dentro de sus sistemas— algo extremadamente valioso: los textos
que escribimos los humanos.
Nuestros
prompts.
Nuestras
ideas.
Las cosas
que queremos revisar.
Las
preguntas que hacemos.
Los
problemas que intentamos resolver.
Cada vez
que alguien escribe:
“¿C贸mo le
digo a mi jefe que es t贸xico?”.
“Me
ofrecieron un trabajo por menos dinero, pero m谩s cerca de casa. ¿Qu茅 hago?”.
“¿C贸mo hago
para fingir que estoy enfermo y poder irme a casa?”.
Todo eso
queda registrado.
Y asociado
al usuario que lo escribi贸.
Lo mismo
ocurre cuando cargamos una presentaci贸n para un cliente y pedimos que la
revise. O cuando subimos un estado de resultados, una liquidaci贸n de comisiones
o una carta documento para que la analice.
Todo
queda registrado, nada se pierde
Y las empresas de inteligencia
artificial est谩n cada vez m谩s desesperadas por conseguir datos.
La competencia es feroz.
Tanto que algunas compa帽铆as est谩n dispuestas a
ser m谩s agresivas de lo que originalmente hab铆an previsto con sus
“salvaguardas” para evitar problemas de seguridad y hackeos.
Ah铆 est谩, por ejemplo, lo ocurrido con Hugging
Face y los agentes de OpenAI que, seg煤n se inform贸, escaparon
de los l铆mites establecidos durante una prueba.
La escena
podr铆a ser perfectamente esta:
“¡Necesitamos
m谩s datos y los necesitamos ya!”, le grita el gerente de adquisici贸n de datos a
su equipo.
El gerente
mira hacia la derecha.
All铆 est谩n.
Los
prompts.
Los
archivos.
Las
im谩genes.
Las
conversaciones que millones de usuarios cargaron.
Todo dentro
de una enorme caja que dice: No tocar.
Hasta que
alguien decide tocarla.
Esto ya
est谩 pasando
Y ac谩 hay
que hacer una aclaraci贸n importante.
Esto no es
algo que podr铆a pasar en el futuro.
Ya est谩
sucediendo.
Desde que
empezamos a utilizar las versiones para consumidores de estos productos.
OpenAI lo
explica de manera bastante clara: ChatGPT puede utilizar las conversaciones de
los usuarios para mejorar sus modelos, salvo que el usuario desactive esa
opci贸n.
Al mismo
tiempo, la compa帽铆a establece que, por defecto, no utiliza para entrenar sus
modelos los datos de usuarios de sus productos empresariales, como ChatGPT
Business, Enterprise y la API.
¿Qu茅
podemos hacer?
Antes que
nada, entender que este problema no es exclusivo de OpenAI. Es un
problema que alcanza a todos los grandes modelos de lenguaje, aunque resulte
m谩s visible en los productos que utilizamos con mayor frecuencia.
Lo primero
que podemos hacer es tomar conciencia.
Saber es
mejor que no saber.
El problema
es que estas herramientas son demasiado 煤tiles.
No
utilizarlas puede significar una desventaja frente a nuestros competidores:
otras empresas, otros empleados, otras personas que s铆 las utilizan.
Podemos
prohibir su uso. Pero, claramente, no podremos evitarlo por completo.
S铆 podemos
tomar algunas precauciones.
Desactivar
la opci贸n “Mejorar el modelo para todos”. Utilizar el chat temporal.
O contratar planes empresariales, en los que, bajo determinadas condiciones,
los datos no se utilizan para entrenar los modelos.
Tambi茅n
existen modelos de lenguaje locales, que funcionan directamente en nuestra
computadora o en nuestros propios servidores y no necesitan enviar la
informaci贸n a un proveedor externo.
Ofrecen una
ventaja importante en materia de privacidad.
Pero tienen
un costo: requieren conocimientos t茅cnicos, necesitan actualizaci贸n permanente
y, en muchos casos, implican trabajar con modelos menos avanzados que los
disponibles en la nube.
O podemos
hacer lo que probablemente terminemos haciendo: seguir como hasta ahora.
Pero
sabiendo.
Sabiendo
que, as铆 como las empresas de tecnolog铆a ya pod铆an anticipar qu茅 quer铆amos
comprar, ahora tambi茅n pueden empezar a saber qu茅 deseamos, qu茅 nos preocupa,
qu茅 pensamos hacer o qu茅 problemas estamos tratando de resolver.
Tal vez eso
nos obligue a ajustar un poco nuestras consultas.
Tal vez nos
ayude a no delegar todo nuestro pensamiento en las m谩quinas.
Tal vez nos
permita cuidar un poco m谩s nuestra individualidad y nuestra privacidad.
El titular
con el que empec茅 es falso.
Por ahora.
Pero la
materia prima ya est谩 guardada
Tiene tu nombre.
Y ya hubo alguien dispuesto a pagar diez
millones de d贸lares por bastante menos.
Si sabemos esto, quiz谩 debamos escribir un poco
menos y pensar un poco m谩s.
Delegar la redacci贸n est谩 bien.
Delegar una correcci贸n tambi茅n.
Delegar las tareas repetitivas, incluso, puede
ser una excelente idea.
Pero delegar la duda, el dilema, el an谩lisis y
la decisi贸n es otra cosa.
Es regalar aquello que, al final, puede ser lo
煤nico que nos quede como humanos:
Pensar y decidir
Cuando finalmente aparezca el verdadero
titular, que no nos encuentre pregunt谩ndole a ChatGPT qu茅
debemos hacer.
Publicado en MDZOL el 12 de septiembre de 2026.