Por Denis Machuel, Chief Executive Officer, Adecco Group.
La IA está impulsando una reorganización fundamental del trabajo, más que simplemente reemplazar los roles humanos.
El éxito
requiere una orquestación híbrida de la fuerza laboral que combine las
capacidades humanas con herramientas automatizadas.
Los
resultados dependen de las decisiones deliberadas de los líderes para invertir
en habilidades y proteger la confianza de los trabajadores.
El debate sobre la IA y el trabajo suele
plantearse como una elección entre dos narrativas contrapuestas: el apocalipsis
laboral y el consiguiente miedo a quedar obsoleto, o un auge del empleo que
conlleva la creación de nuevos roles y la ampliación de los existentes.
Pero existe una tercera narrativa. La evidencia
apunta ahora a algo más complejo y más práctico. La IA no está acabando con el
trabajo ni ofreciendo una panacea. Está forzando su reorganización.
El mayor rediseño de empleos desde internet.
Hasta la fecha, el mayor impacto de la IA se ha
producido en las tareas, no en los puestos de trabajo completos. Pero estamos
empezando a ver que la IA está transformando la forma en que se organiza, se
realiza, se valora y se gestiona el trabajo. En otras palabras, cómo se
"orquesta".
La IA puede
analizar datos, generar contenido, automatizar procesos y respaldar la toma de
decisiones. En muchos puestos, esto transforma las tareas que se realizan antes
incluso de que cambie la existencia misma del puesto. Esto no significa que la
disrupción vaya a ser mínima. Algunos puestos están cambiando rápidamente.
Algunas trayectorias profesionales de nivel inicial ya se encuentran bajo
presión. Algunos trabajadores necesitarán mucho más apoyo del que reciben
actualmente. Pero el principal desafío del mercado laboral no se reduce a una
simple confrontación entre humanos y máquinas.
Por ello,
las organizaciones deben ir más allá de la simple adopción de herramientas. La
orquestación de la fuerza laboral híbrida es la forma en que las organizaciones
rediseñan el trabajo, de modo que las personas, los agentes de IA, la
automatización y la IA física contribuyan donde generen mayor valor. Esto se
está convirtiendo en una capacidad de gestión fundamental.
Los socios
de recursos humanos deberán ayudar a las empresas a mapear tareas, rediseñar
roles, identificar habilidades complementarias, respaldar las transiciones y
conectar a las personas con áreas emergentes de demanda.
Cuatro fuerzas que impulsarán la IA y el empleo
en la próxima década
Hemos analizado las tendencias estructurales en
un horizonte de 10 años en nuestro informe técnico publicado recientemente.
La capacidad de la IA seguirá avanzando de
forma desigual y no lineal. La adopción será rápida, pero su valor dependerá de
la capacidad de las organizaciones para rediseñar sus flujos de trabajo. La IA
física extenderá la automatización a entornos industriales y operativos. La
regulación, la demografía y la escasez de personal cualificado influirán en los
resultados del mercado laboral de forma diferente en cada país y sector.
En conjunto, estas fuerzas apuntan a un mercado
laboral más dinámico, más desigual y más dependiente de una planificación
deliberada de la fuerza laboral.
¿Por qué los líderes deben tomar decisiones deliberadas?
Un vistazo a la historia nos da motivos para el
optimismo, pero no para la autocomplacencia.
Las tecnologías de propósito general del pasado
no generaron prosperidad simplemente por existir. Los beneficios surgieron
cuando las sociedades tomaron decisiones deliberadas: invertir en habilidades,
construir instituciones, rediseñar el trabajo, proteger la confianza y ayudar a
las personas a pasar de tareas en declive a áreas de creciente oportunidad.
La IA no será diferente. La tecnología crea capacidad. Las personas la transforman en valor. Que la IA se convierta en un motor de productividad inclusiva depende menos de lo que la tecnología pueda hacer en principio y más de lo que los líderes decidan hacer en la práctica.
¿Cómo se
concretaría la acción?
Por eso necesitamos una coordinación más clara
entre gobiernos, empleadores, empresas tecnológicas e instituciones del mercado
laboral.
Los gobiernos deben modernizar los sistemas de
capacitación, las políticas del mercado laboral y las protecciones sociales
para un mundo donde las tareas cambian más rápido que los puestos de trabajo.
Los empleadores deben involucrar a los trabajadores en el rediseño del trabajo
antes de que se produzca el desplazamiento laboral. Las empresas tecnológicas
deben crear sistemas útiles, explicables y responsables. Las instituciones del
mercado laboral deben agilizar, hacer más justas y transparentes las transiciones.
Así es como los socios de la fuerza laboral se
convierten en contribuyentes clave a la productividad y la adaptación, y no
solo en proveedores de mano de obra.
Este es un cambio trascendental. También es una
gran responsabilidad. Los ganadores de la era de la inteligencia artificial
combinarán la innovación con un valor social cuantificable.
Las decisiones de liderazgo son más importantes que nunca. Es hora de tomar las decisiones correctas. La IA debe desarrollarse con las personas, no impuesta sobre ellas. Las organizaciones que lo logren crearán plantillas cualificadas y generarán aumentos de productividad cuantificables.
El auge de
los mercados laborales híbridos
A menudo se habla de la IA como si su impacto
en el trabajo ya estuviera decidido: las máquinas avanzarán, los empleos
desaparecerán y las sociedades tendrán que adaptarse a posteriori. Ese es un
punto de partida erróneo. La IA no determinará por sí sola el futuro del
trabajo; lo harán las decisiones que tomemos ahora.
Por tanto, la pregunta no es si la IA
sustituirá puestos de trabajo, sino cómo colaborarán los gobiernos, los
empleadores, las empresas tecnológicas y las instituciones del mercado laboral
para implementar esta tecnología. Si acertamos, la IA puede convertirse en un
potente motor de productividad, resiliencia y oportunidades. Si nos
equivocamos, podría agravar la desigualdad, debilitar la confianza y dejar a
demasiadas personas al margen de esta transición.
Está claro que la IA debe evaluarse en función
de su impacto en las personas y en las empresas, y no simplemente por su grado
de adopción tecnológica. Miro con optimismo hacia un futuro de mercados
laborales híbridos, lo cual exige un tipo de liderazgo diferente. Debemos
desarrollar sistemas de capacitación que se anticipen al cambio, establecer
mecanismos de gobernanza que garanticen la equidad y la transparencia, y crear
instituciones en el mercado laboral que ayuden a las personas a acceder a
nuevas oportunidades.



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