AGOSTO 2026

miércoles, 26 de agosto de 2026

DEL «PONERSE LA CAMISETA» A TRABAJAR CON IA: EL NUEVO CONTRATO PSICOLÓGICO

 


Por Guillermo Ceballos Serra

Durante décadas, la relación entre una persona y una organización se sostuvo sobre algo más amplio que el contrato laboral: un conjunto de expectativas no escritas sobre estabilidad, desarrollo, reconocimiento, compromiso y lealtad, es lo que conocemos como contrato psicológico.

Pero ese contrato ha evolucionado y la IA y el trabajo híbrido están acelerando una nueva transformación.

De la camiseta al mercado

El contrato psicológico tradicional tenía una fuerte dimensión emocional.

La empresa ofrecía estabilidad, carrera y pertenencia. A cambio esperaba compromiso, permanencia y lealtad. En nuestro lenguaje cotidiano había una expresión que lo resumía perfectamente: “tener puesta la camiseta”.

El acuerdo implícito era: “Yo cuido a la organización y la organización cuida de mí.”

Ahora bien, las reestructuraciones, fusiones, tercerizaciones y transformaciones competitivas comenzaron a romper esa promesa.

A fines del siglo XX, Peter Cappelli describió en The New Deal at Work (1) una relación laboral cada vez más influida por el mercado. Si la organización ya no podía garantizar empleo de largo plazo, tampoco podía esperar lealtad de por vida.

La pregunta del profesional comenzó a cambiar:

“¿Qué valor tendrá esta experiencia para mi carrera?”

Apareció una nueva moneda: la empleabilidad.

El acuerdo pasó a parecerse más a: “Mientras trabajemos juntos, generemos valor para ambos.”

El contrato de la era del conocimiento

La economía del conocimiento produjo otro cambio.

El colaborador dejó de ser visto solamente como alguien que ocupa un puesto y ejecuta tareas. Su conocimiento, experiencia, creatividad, relaciones y capacidad para resolver problemas se convirtieron en activos fundamentales.

La organización debía crear un contexto donde las personas quisieran aprender, desarrollarse y aportar, donde el talento tenía una particularidad: podía irse.

Así, propósito, cultura, liderazgo, experiencia del empleado y aprendizaje adquirieron un peso creciente en el contrato psicológico.

Hasta que llegó la IA.

La inteligencia artificial no solamente automatiza tareas. Comienza a realizar actividades cognitivas que hasta hace poco considerábamos exclusivamente humanas.

Al mismo tiempo, el trabajo híbrido rompe la asociación histórica entre trabajar y estar físicamente en un lugar.

Dos certezas que organizaron el mundo del trabajo durante décadas reciben su certificado de defunción: que el puesto define nuestro trabajo y que la oficina define dónde ocurre.

La IA rompe la primera. El trabajo híbrido, la segunda.

Cuando ambas desaparecen simultáneamente, no estamos simplemente frente a un cambio tecnológico o de modalidad de trabajo. Estamos renegociando el contrato psicológico.

Creo que esta renegociación puede resumirse en cinco grandes transiciones.

1. De estabilidad a empleabilidad

Pocas organizaciones pueden prometer hoy: “Tu puesto siempre estará aquí.”

Pero pueden ofrecer algo diferente:

“No puedo garantizarte que tu puesto seguirá siendo el mismo, pero puedo ayudarte a desarrollar las capacidades necesarias para seguir siendo relevante.”

Upskilling y reskilling dejan así de ser simples programas de capacitación. Se convierten en parte del nuevo contrato.

La organización ofrece oportunidades de aprendizaje. La persona asume responsabilidad por mantener su empleabilidad.

2. De presencia a contribución

Durante mucho tiempo confundimos presencia con compromiso. El trabajo híbrido obliga a cambiar la pregunta.

De “¿dónde estás?” a “¿qué estás aportando?”

Esto exige objetivos claros y líderes capaces de gestionar resultados en lugar de supervisar presencia.

Adicionalmente, implica evitar el sesgo de proximidad: si quienes van más a la oficina reciben mejores oportunidades, la flexibilidad prometida termina convirtiéndose en una flexibilidad penalizada.

3. De control a confianza

El trabajo distribuido hace menos relevante controlar actividad.

La alternativa es confianza con responsabilidad.

El nuevo acuerdo podría ser:

“Te doy mayor autonomía para organizar tu trabajo; tú asumes mayor responsabilidad por tus resultados y compromisos.”

La confianza deja entonces de ser un valor escrito en una pared para convertirse en infraestructura organizacional.

4. De carrera a aprendizaje permanente

La carrera tradicional tenía forma de escalera. La nueva se parece más a una red. Movimientos laterales, proyectos, nuevas especialidades y reinvenciones profesionales convivirán con las promociones tradicionales.

La introducción de la IA genera que las competencias se transformen rápidamente; por lo que nuestro valor dependerá cada vez menos de lo que sabemos hoy y más de nuestra capacidad para aprender lo que necesitaremos mañana. Aprender deja de ser algo que hacemos fuera del trabajo.

Aprender pasa a ser parte del trabajo.

5. De tecnología como herramienta a IA como compañero de trabajo

Esta puede ser la transición más profunda.

Durante décadas utilizamos tecnología para hacer nuestro trabajo. Ahora comenzamos a trabajar con sistemas capaces de realizar parte del trabajo cognitivo junto con nosotros.

Surge entonces una pregunta inevitable:

Si la IA puede hacer parte de lo que hago, ¿dónde está mi valor?

Probablemente cada vez más en el criterio, el contexto, el pensamiento crítico, la creatividad, la empatía, las relaciones y la responsabilidad por las decisiones. El contrato no puede limitarse a: “Usa IA para producir más.”

La organización debería comprometerse a utilizar la IA para aumentar las capacidades de las personas, no solamente su productividad.

Corresponde al profesional aprender a utilizarla sin delegar en ella su criterio ni su responsabilidad.

De la camiseta a la reciprocidad

Vista en perspectiva, la evolución es interesante:

  • En el contrato emocional, la moneda era la lealtad.
  • En el contrato profesional, la empleabilidad.
  • En la economía del conocimiento, el talento y el aprendizaje.
  • En la era de la IA y el trabajo híbrido, probablemente sean la adaptabilidad, la confianza y la reciprocidad.

La camiseta no desaparece, pero ya no alcanza con pedirle al colaborador que se la ponga. La organización también tiene que demostrar por qué vale la pena llevarla.

Aquí aparece una pregunta estratégica para Recursos Humanos.

Más allá de discutir cuántos días debemos ir a la oficina o qué herramientas de IA vamos a implementar:

¿Cuál es el nuevo acuerdo que estamos proponiendo a nuestra gente?

¿Qué puede esperar legítimamente una persona de la organización y qué puede esperar la organización de ella?

Cuando cambia el trabajo, también cambia el contrato y la pregunta más importante no parece ser cómo será el trabajo del futuro, sino:

¿Qué estamos dispuestos a prometernos mutuamente para construirlo?

 

(1) Peter Cappelli —de quien tuve la oportunidad de ser alumno en Wharton— describió en The New Deal at Work (1999) una transformación que hoy resulta especialmente vigente: el paso de una relación laboral basada en la estabilidad y la lealtad hacia otra más determinada por el mercado, el valor profesional y la empleabilidad.

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