JULIO 2026
jueves, 29 de enero de 2026
How To Make People Feel Seen | Simon Sinek
martes, 27 de enero de 2026
ME CANSÉ DE HARARI Y HAN
Por Fernando Zerboni. Profesor en Universidad de San Andrés. IESE Business School. Argentina.
Estoy
cansado de los profetas del pesimismo. Se que estamos en una era de cambio
profundo, pero la letanía del apocalipsis me agota. Estoy cansado de Harari y
su cara de funeral cada vez que habla de la inteligencia artificial. Estoy
cansado de Byung-Chul Han y su "sociedad del cansancio", como
si fuera el primero en darse cuenta de que hay gente agotada. Estoy cansado,
sobre todo, de los que los siguen, de los que los citan en las sobremesas, de
los que repiten "estamos perdidos" con una sonrisa de superioridad,
como si entender el colapso los hiciera más inteligentes que el resto.
Y fíjate
que no es solo cansancio. Es que hay algo de trampa en todo esto. Es la
sensación de que te están vendiendo algo que no termina de cerrar con lo que
ves cuando salís a la calle. Porque eso es lo que pasa. Estos tipos no escriben
para salvar el mundo. Escriben para venderte un mapa del infierno y hacerte
sentir inteligente por reconocerlo. Y funciona. Funciona tan bien que ahora hay
toda una generación convencida de que vivimos en la peor época de la historia
humana, cuando cualquier análisis serio te dice exactamente lo contrario.
Pero acá
viene lo interesante, estos profetas no le están hablando a todo el mundo. Le
están hablando a una elite asustada. A profesionales que de repente
descubrieron que la tecnología también viene por sus trabajos. Y ahí está la
clave. Porque resulta que la incertidumbre, la precariedad, el miedo al futuro,
todo eso que ahora les parece el fin del mundo, el resto ya lo viene viviendo
hace décadas.
El obrero
de una fábrica sabe desde los ochenta que su laburo puede desaparecer mañana.
El campesino sabe que el clima es impredecible y que una sequía te puede
fundir. La costurera sabe que el trabajo es inestable y que hay que
rebuscársela. Esa gente no necesita que Harari le explique que el futuro es
incierto. Lo vive todos los días. Y sin embargo, no están paralizados. Están
ocupados viviendo el día a día.
Pero ahora
resulta que la inteligencia artificial amenaza al abogado, al consultor, al
diseñador gráfico, al periodista. Ahora resulta que los trabajos
"creativos" y "cognitivos" también están en riesgo. Y de
repente hay pánico. De repente hay que escribir libros urgentes sobre el
colapso de la civilización. Porque cuando el miedo toca a las elites, el miedo
se vuelve filosofía.
Y Harari
les da lo que necesitan: una narrativa donde su angustia personal es en
realidad una tragedia de la civilización. No es que tengas miedo de perder tu
trabajo, es que la humanidad está perdiendo su soberanía. No es que tu empresa
te explote, es que vivimos en una sociedad del cansancio. Tu problema deja de
ser tuyo y se convierte en un síntoma del apocalipsis. Y eso, vende.
Han hace lo
mismo, pero desde otro ángulo. Les dice a los ejecutivos quemados que su
burnout no es porque laburaron como bestias por un sueldo grande, sino porque
vivimos en una época de auto explotación generalizada. Les da una salida digna.
En vez de preguntarse "¿por qué acepté este ritmo de vida?", pueden
decir "es la época, es el sistema, no hay salida". Es más cómodo así.
Pero la
verdad es otra. La verdad es que la gente que siempre vivió con incertidumbre
desarrolló herramientas para lidiar con ella. No son herramientas filosóficas
ni están en ningún libro. Son herramientas prácticas: la familia, los vecinos,
la comunidad, el rebusque, la solidaridad. Cuando no tenés un colchón de
ahorros ni un plan de carrera, aprendés a moverte en la neblina. No porque seas
más sabio, sino porque no te queda otra.
Y esa gente
no está leyendo a Harari. Está ocupada laburando, criando, cuidando a los
viejos, arreglando lo que se rompe. No tiene tiempo para la angustia
existencial. Tiene problemas concretos y los resuelve con lo que tiene a mano.
El tipo que maneja un camión no se pregunta si los algoritmos están hackeando
su lenguaje. Se pregunta si le alcanza para los gastos y para pagar la luz. La
mujer que atiende un kiosco no sufre de fatiga digital. Sufre de levantarse a
las seis de la mañana todos los días. Pero lo hace. Y al otro día también.
Entonces
resulta que estos profetas del pesimismo están diagnosticando una crisis que
es, básicamente, el descubrimiento tardío de las elites de que el mundo es
inestable. Bienvenidos, muchachas y muchachos. El resto ya lo sabía. La
diferencia es que el resto no escribió libros sobre eso. Siguió adelante.
Y por eso
tienen tanto impacto esta gente. Porque le están dando voz al miedo de una
clase que nunca había tenido miedo. Una clase que creía que su educación, su
título, su capital cultural los protegía. Y ahora descubren que no. Que la
tecnología no distingue. Que la precariedad llegó también para ellos. Y eso los
descoloca.
Pero ojo,
esto no significa que sus problemas no sean reales. Lo son. Lo que no es real
es la idea de que son nuevos. La incertidumbre siempre estuvo. Lo que pasa es
que ahora llegó a las oficinas con aire acondicionado y biblioteca y por sobre
todo a Davos. Y cuando llega ahí, se convierte en teoría. Se convierte en
crisis civilizatoria. Se convierte en bestseller.
Mientras
tanto, en la vida real, la incertidumbre está naturalizada. No es que la gente
no la sufra. La sufre. Pero la incorporó. Sabe que el futuro no está
garantizado, que hay que adaptarse, que las cosas cambian. Y con ese
conocimiento, igual se levanta, igual labura, igual confía en el vecino, igual
ayuda cuando puede. Porque la alternativa no es un ensayo sobre el colapso. La
alternativa es no hacer nada porque es invitable.
Y fijate la
paradoja: los que más hablan del colapso son los que menos lo viven. Los que
más escriben sobre la pérdida de sentido son los que tienen suficiente tiempo y
plata como para sentarse a pensar en el sentido. El resto está ocupado
generando sentido con sus manos, con su trabajo, con sus vínculos. No necesitan
que un filósofo coreano les explique por qué están cansados. Saben por qué
están cansados. Y descansan cuando pueden.
Por eso
estos libros tienen tanto éxito en ciertos círculos y ninguno en otros. Porque
le hablan a una elite que recién ahora está tocando fondo. Que recién ahora
entiende lo que significa no tener garantías. Y como toda elite, necesita que
su experiencia sea universal. Necesita creer que si ellos están en crisis,
entonces toda la humanidad está en crisis. Pero no. La humanidad está donde
siempre estuvo: tratando de zafar.
Y acá no
estoy romantizando la pobreza ni la precariedad. No estoy diciendo que la
incertidumbre sea linda o que la gente que la vive sea más sabia. Estoy
diciendo que es distinto descubrir la incertidumbre a los cuarenta, con un
posgrado en Europa, que haber nacido en ella. Y que esa diferencia importa.
Porque el que nació en ella ya sabe cómo moverse. El que la descubre ahora, en
cambio, se paraliza. Y escribe libros.
Harari, Han
y el resto están haciendo el duelo de un mundo que ya no existe. Un mundo donde
la educación te salvaba, donde el conocimiento era poder, donde los trabajos
intelectuales estaban a salvo. Ese mundo se terminó. Y está bien que lo
diagnostiquen. Pero que no nos vengan a decir que se terminó el mundo. Se
terminó su mundo. El resto sigue acá, laburando, confiando, resistiendo, sin
esperar que nadie les escriba un manual sobre cómo hacerlo.
Y si querés
realismo, empezá por ahí. Por reconocer que el pánico de las elites no es el
pánico de todos. Que la mayoría de la gente ya estaba en el barro y aprendió a
caminar sin hundirse. Que la incertidumbre no es una novedad apocalíptica, sino
la condición normal de la existencia humana. Y que los que mejor la manejan no
son los que la teorizar, sino los que la viven todos los días sin hacer tanto
ruido.
¿Vos no lo
ves también?
Publicado en LinkedIn el 27/1/26 y en este espacio con expresa autorización del autor.
lunes, 19 de enero de 2026
CINCO PRINCIPIOS PRÁCTICOS PARA CONSTRUIR SU MARCA PERSONAL
Por Roberto Chavarría.
President OI Comunicaciones/CEO Advisors Senior Consultant/ Perceptual Advisors Senior Advisor Latam. Ecuador / USA
Cinco principios prácticos para construir su marca personal de forma auténtica y sostenible:
1. Claridad antes que visibilidad
· No puede posicionarse si no decide primero qué quiere que el mercado recuerde de usted.
Tres preguntas clave:
• ¿Cuál es mi propuesta de valor profesional?
• ¿Qué problemas resuelvo?
• ¿Por qué alguien debería elegirme a mí y no al resto?
2. Consistencia
· Publicar un post una vez al mes no construye marca. Tampoco publicar todos los días sin coherencia.
· La consistencia no es sobre frecuencia; es sobre el contenido. Que cada interacción tenga el mismo mensaje, tono y valor.
3. Vulnerabilidad estratégica
· No se trata de contar su vida privada, LinkedIn no es Facebook o Instagram. El objetivo es mostrar humanidad.
· La gente no conecta con perfección; conecta con procesos, aprendizajes, errores convertidos en criterio.
· Si quiere autoridad, muestre resultados.
· Si quiere confianza, muestre camino.
4. Especialización visible
· Para ser líder de opinión no basta con ser experto: necesita parecerlo.
· Comparta sus propias ideas, sus marcos de análisis, sus insights, sus casos reales.
5. Networking como sistema, no como accidente
· Su marca no vive solo en lo que publica, sino en lo que otros dicen de usted.
· Comente, aporte, responda, construya relaciones con intención.
· Las oportunidades no las genera el algoritmo; las generan las personas.
La pregunta no es si “debería tener una marca personal”.
La pregunta es “¿quién está construyéndola: usted o el ruido en redes sociales?”.
Si no la define, el mercado la definirá por usted.
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sábado, 27 de diciembre de 2025
DEL “GRACIAS ISABEL” A LA EMPLEABILIDAD
A propósito de la reunión del gobernador Axel Kicillof con la CGT el pasado 26 de diciembre de 2025 y los debates que se aproximan en la sociedad y en el Congreso.
Pasaron 51 años. El mundo es otro. Hace años que no existe el trabajo vitalicio. La relación de dependencia no desaparece, pero se transforma, atravesada por cambios tecnológicos, nuevos modelos productivos y una velocidad de transformación sin precedentes. Hoy el trabajo debe ganarse todos los días.
Pretender regular el trabajo del siglo XXI con categorías del siglo XX no solo resulta ineficaz: termina siendo injusto para quienes hoy necesitan insertarse y sostenerse en un mercado laboral dinámico y cambiante.
Hace más de quince años que en la Argentina no crece el empleo privado formal. Ese dato, por sí solo, debería obligarnos a cambiar el eje del debate. El foco no puede estar únicamente en conservar estructuras que ya no responden a la realidad, sino en ayudar a las personas a adaptarse, adquirir nuevas herramientas, reconvertirse y construir empleabilidad a lo largo de toda la vida laboral.
Dado que en la reunión señalada al inicio se utilizaron expresamente estos conceptos, resulta necesario, en este contexto, revisar con seriedad la calificación de regresiva, flexibilizadora o precarizadora aplicada a cualquier intento de actualización del marco laboral.
Regresivo es un sistema que excluye. Un mercado laboral que no genera empleo formal desde hace más de una década no amplía derechos: consolida desigualdades. Defender reglas que solo protegen a quienes ya están dentro del sistema, mientras millones permanecen en la informalidad o directamente afuera, no es progresista: es conservador. Modernizar para incluir no es retroceder.
Flexibilizar tampoco debería ser un insulto. Flexibilizar no es desproteger, es adaptar. Las organizaciones trabajan hoy con proyectos, ciclos más cortos y reconversiones permanentes. Un marco normativo que no contemple esta realidad no protege al trabajador: lo deja afuera.
La verdadera precarización no surge de actualizar reglas, sino de la informalidad, del desaliento a la contratación y de la falta de oportunidades. No tener trabajo en blanco, no poder planificar, no acceder a derechos básicos: esa es la precariedad real.
Desde una mirada profesional de Recursos Humanos, el desafío no es sostener estructuras del pasado, sino construir un sistema laboral sostenible, inclusivo y orientado al futuro. La estabilidad ya no la da un puesto, sino la capacidad de mantenerse empleable.
El rol del Estado, de las organizaciones sindicales y de las empresas debería centrarse en educación, formación continua, reconversión laboral y desarrollo de habilidades técnicas y socioemocionales. Preparar a las personas para el mundo del trabajo real es la forma más genuina de protegerlas.
El verdadero derecho laboral del siglo XXI no es la promesa de un empleo eterno, sino la posibilidad real de construir empleabilidad a lo largo de toda la vida.
miércoles, 24 de diciembre de 2025
NAVIDAD Y AÑO NUEVO: UNA PAUSA NECESARIA PARA VOLVER A LO ESENCIAL
Llegan las Fiestas y, con ellas, una oportunidad poco frecuente: detenernos.
Detenernos para agradecer, para revisar el camino recorrido y para preguntarnos —con honestidad— qué vale la pena llevar con nosotros al año que comienza.
En un mundo atravesado por la urgencia, la incertidumbre y el cambio permanente, la gestión humana nos recuerda algo fundamental: las organizaciones crecen cuando las personas crecen. Cuando hay escucha, confianza, sentido y vínculos genuinos.
Este año nos dejó desafíos complejos, aprendizajes profundos y, seguramente, más de una decisión difícil. También nos dejó encuentros, equipos que se sostuvieron aun en la tormenta y personas que hicieron la diferencia desde lugares silenciosos pero decisivos.
Y que el Año Nuevo nos encuentre con la valentía de seguir transformando, la humildad de seguir aprendiendo y la convicción de que liderar también es cuidar.
Les deseo muy Felices Fiestas y un 2026 lleno de proyectos con sentido, trabajo con impacto y vínculos que valgan la pena.
Un abrazo,
Guillermo
The holiday season arrives and, with it, a rare opportunity: to pause.
In a world shaped by urgency, uncertainty, and constant change, human management reminds us of something essential: organizations grow when people grow. When there is listening, trust, purpose, and genuine connections.
This year brought complex challenges, deep learnings, and, undoubtedly, more than a few difficult decisions. It also brought meaningful encounters, teams that stood firm through the storm, and individuals who made a difference from quiet yet decisive roles.
And may the New Year find us with the courage to keep transforming, the humility to keep learning, and the conviction that to lead is also to care.
I wish you very happy holidays and a 2026 filled with purposeful projects, impactful work, and relationships that truly matter.
Warm regards,
Guillermo
martes, 16 de diciembre de 2025
LO QUE NO TE ENSEÑAN SOBRE TRABAJAR EN RRHH
Por Franco Andrés Molina. Analista Sr de Administración de Personal, DIRECTV Latin America
Cuando empecé en RRHH pensaba que todo era charlas, clima laboral y beneficios.
Nadie me dijo que iba a terminar gestionando con:
📊 Bases de datos cruzadas de 5 sistemas distintos
📌 Planillas que hacen malabares entre AFIP, SAP, Excel y (a veces) la
paciencia
📬 Consultas legales, laborales y emocionales… todo en el mismo día
🤯 Y con la presión de que los procesos salgan bien sí o sí
Con el tiempo entendí que RRHH es mucho más que “gestionar personas”.
Es entenderlas. Cuidarlas.
Y, al mismo tiempo, hacer que el sistema no se rompa.
¿A vos también te pasó algo parecido cuando entraste al área?
Publicado en LinkedIn en agosto de 2025 y en este espacio con expresa autorización del autor.
Nota: Este articulo ha logrado un número significativo de impresiones, reacciones, re-posteos y comentarios.
lunes, 8 de diciembre de 2025
BUSCANDO EL CANDIDATO PERFECTO… MIENTRAS LOS BUENOS PASAN DE LARGO
Por Guillermo Ceballos Serra
¿Te imaginas encontrar a la pareja de tu vida… y no comprometerte porque “querés ver si aparece alguien más para comparar”? Como si fueras la única opción en el "mercado"; como si la otra persona estuviera obligada a esperarte eternamente. Absurdo, ¿no?
Bueno… en selección pasa todos los días.
Tenemos al candidato ideal delante: competencias ajustadas, motivación alta, excelente fit cultural. Pero el proceso se detiene porque “mejor sigamos buscando más opciones para comparar”. Y mientras seguimos pescando en la misma pecera, el talento realmente valioso ya aceptó otra oferta. Ah me olvidaba: casualmente, el candidato también elige… y suele hacerlo bastante más rápido.
El resultado:
- Costos ocultos por mantener el puesto vacante.
- Retrasos operacionales que afectan al equipo.
- Percepción negativa del candidato sobre la agilidad y profesionalismo de la empresa.
- Y lo más grave: pérdida de talento que podría haber sido clave.
En selección, como en las relaciones, la perfección no existe. Lo que sí existe es la claridad de criterios, la capacidad de decisión a tiempo y el respeto por la experiencia del candidato.
Cuando encuentres a la persona correcta para el rol, no la dejes pasar mientras buscas una comparación que no necesitas.
El costo de esperar es siempre más alto que el de decidir.






