Por
Leandro Schvartzer. Founder y Director de Empresarios con Impacto. Presidente de
Fundación PROEM.
Conducir una PyME en la Argentina siempre fue un
deporte de riesgo. Durante décadas, la cultura empresarial moldeó la
figura del dueño bajo el arquetipo del "tiburón": un
líder solitario, competitivo y aparentemente implacable.
Bajo esta
premisa, el manual del éxito exigía decidir en absoluto aislamiento, ocultar
las debilidades y nunca mostrar vulnerabilidad. En el
imaginario corporativo, exhibir una duda equivalía a ceder una ventaja
competitiva frente al mercado.
La realidad
diaria del empresario conlleva una sensación de soledad: ¿cuántas veces al
día un dueño de negocio debe tomar decisiones críticas que nadie más puede
o quiere asumir? ¿Qué pasa cuando un líder no tiene con quién compartir,
comparar o validar sus decisiones?
En la intimidad del empresario, el problema no
es tener problemas: es enfrentarlos en soledad, equivocarse solo, no tener el
espacio para conversar con otros. Sin embargo, en el escenario actual,
esta estrategia quedó vieja y parece ser el camino más rápido hacia la
extinción.
En un contexto socioeconómico complejo, donde
las reglas del juego cambian permanentemente y los vaivenes macroeconómicos
obligan a recalcular costos y estrategias semana a semana, la lógica del
"tiburón solitario" empieza a agotarse.
Competidores, no rivales
La
antropología y la historia demuestran que los seres humanos sobrevivimos
y evolucionamos gracias a nuestra capacidad de tejer redes. El ámbito
empresarial no es la excepción.
Hoy
asistimos a un cambio fundamental: el modelo del "líder solitario"
PyME está mutando hacia la inteligencia colectiva para sobrevivir a la
crisis. Hoy crecer no tiene por qué ser un camino solitario. La mayor
ventaja competitiva en el mercado moderno ya no es el secreto celoso,
sino la colaboración estratégica.
Los estudios organizacionales confirman de
manera sistemática que las comunidades funcionan mejor que las
individualidades. Así es como se forma una comunidad empresarial basada en el
valor del intercambio, donde se apoyan unos en otros, se legitima la
opinión del par y permite compartir el peso de la incertidumbre. El
encuentro brinda otra mirada de las situaciones, facilita poner en perspectiva,
validar rumbos comerciales y encontrar soluciones colectivas a desafíos
comunes para tomar impulso para crecer.
Ser miembro de una red sólida permite aliviar
la presión de tomar las decisiones solo. Por lo tanto, el
éxito de una PyME hoy no depende exclusivamente de los conocimientos
técnicos o del esfuerzo del fundador, sino de su capacidad de interpretar el
contexto, rodearse de pares e interactuar en comunidad. Hoy ya no sobrevive el
más fuerte; sobrevive el que logra construir mejores redes, conversaciones y
entornos para tomar decisiones.

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